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Lucha interior. Catulo

1 marzo 2011

Lucha interior. Catulo

Si el hombre encuentra algún placer al recordar las buenas

acciones del pasado, cuando cree ser una persona leal,

y no haber violado el sagrado compromiso ni en pacto alguno

haber tomado en vano el numen de los dioses para engañar a los

hombres, muchas alegrías te estarán reservadas, Catulo,

para el resto de tu vida de ese amor no correspondido.

Pues todo el bien que los hombres pueden hacer o decir,

tú lo has hecho y lo has dicho.

Todo ha terminado por confiar en un corazón que no ha

correspondido. ¿Por qué,  pues,  atormentarte más?

¿Por qué no cobras valor y te repones tú mismo

y dejas de ser desgraciado oponiéndote a los dioses?

Difícil es romper de pronto con un amor duradero,

es difícil,  pero debes lograrlo como sea.

Es la única esperanza de salvación,  es la única victoria que

debes conseguir: hazlo, tanto si puedes como si no.

Catulo fue un representante esencial para la poesía latina (Verona 84-54 a.C.).  Se estableció el 62 a. C.,  introduciéndose en los cenáculos literarios de sus amigos formando un grupo poético que revolucionó la poesía épica de aquellos tiempos.

De la violenta pasión que despertó en Catulo su amor por Lesbia, dio lugar a varios poemas escritos con una sensibilidad increíble, y tan reales e íntimos que despierta las emociones del lector espontáneamente. Tardó en recuperarse a duras penas de este amor y eso se refleja en cada línea de sus poemas,  incluyendo el que yo he escogido.  La originalidad de Catulo consiste en haber sido el primero en haber iniciado la elegía romana con sus rasgos específicos de subjetividad,  autobiografismo e intimidad.

Este poema habla,  como una gran parte de los escritos de este libro,  de su amor por Lesbia.  Pero su amor por Lesbia en un momento que toca su fin, en el que Catulo se da cuenta de que ese amor no es correspondido y de que la vida continúa.  Refleja esa sensación de que amando tanto a alguien no acabará nunca ese sentimiento de impotencia,  tristeza y esa sensación de que tu mente está saturada con ese pensamiento y esa esperanza continua, esa esperanza que Catulo la denomina como tormento,  como oposición a los dioses,  ya que no tiene nada más que hacer,  y sigue pensando en Lesbia y en lo que podría ser o podría haber sido.

Es un poema en el que él mismo es la víctima del dolor que causa la simpleza de amar y no ser correspondido,  un tópico,  pero al fin y al cabo una de las cosas que más daño pueden hacerte y más complicado es acabar con ellas. Catulo es un hombre realista y consciente de que no ha hecho nada malo respecto a Lesbia,  ‘’ Pues todo el bien que los hombres pueden hacer o decir,  tú lo has hecho y lo has dicho’’. Y es cierto,  Catulo estaba enamorado de esa mujer,  pero las cosas a veces no salen como uno espera,  y aunque nadie sea culpable,  los sentimientos no son recíprocos o las situaciones de las personas son diferentes.

Al final del poema habla de otro tipo de esperanza de la que he mencionado antes,  es la esperanza realista de salir de ese túnel,  la esperanza de que algún día pueda olvidar a Lesbia y vivir,  volver a enamorarse y ser una nueva persona.  Él mismo se obliga a abandonar ese amor, tanto si puede como si no, es la única opción; ya que Catulo ama a Lesbia, pero también ama la vida en sí, y aunque no lo parezca, es un hombre optimista y desea continuar.  Tiene miedo de estar siempre triste y melancólico, y lo que él desea es satisfacer a las personas y estar arropado por sus seres queridos.

Este poema me ha gustado mucho, lo veo lleno de sentimiento y muy realista,  es algo que a todos les ha pasado alguna vez y sienten eso que Catulo describe de una forma tan cercana. Se siente cercano,  porque tienes esa certeza de que él está sintiendo cada palabra que escribe con todo su ser,  que lo ha pasado así por Lesbia y que los sentimientos son los mismos sin importar en qué época hayamos nacido o de que raza seamos. Siempre que existe un sentimiento de amor verdadero hacia una persona que no siente lo mismo por ti,  todos nos sentimos como Catulo dice sentirse en este poema.

Me ha recordado este poema a un cuadro de Frida Kahlo.  En el cuadro se refleja la obsesión que tenía la pintora por su marido, Diego Rivera, del que estaba locamente enamorada.  Llegó un punto en el que Diego estaba cansado, y en esa época tuvo una relación amorosa paralela.  El rostro representado mira al espectador con mirada triste.  Los largos cabellos se han enredado en su cuello y amenazan con estrangularla.  Refleja el sentimiento de saturación mental que he descrito antes,  la sensación de que toda tu cabeza gira alrededor de dicha persona y da lugar a una obsesión,  como la que tenía Catulo por Lesbia, dando a saber que daría la vida por ella y que todo se reduce a su amor.

Diego y yo. 1949

También, otro tema de la actualidad al que le he visto mucha similitud con el tema, es una canción del grupo de los ‘’Delinqüentes’’, que se llama La Madriguera.  El nombre es debido a las ansias del enamorado de crear una madriguera para ella, un lugar para estar los dos juntos, pero no es correspondido.  Se refleja muy bien en la frase: ‘’Cuando me faltas tengo mono en la cama de desayunarte todas las mañanas, pero viendo como está el panorama, será mejor que cuente mis garrapatas…’’ También el último párrafo refleja lo que he dicho de la esperanza:  “y si viene un día una brisa que a mí me guie hasta tu bosque volaré yo de la alegría que no quiero que vengan vientos del norte…’’ de la esperanza de Catulo de volver a sentir a Lesbia y también de volver a ser feliz, sin saber cómo pero deseando no estar triste.

Niña ¿qué tristeza hay en tu alma,
qué pena están gritando tus pupilas?
Quisiera yo unirme a ti con un par de grapas,
pero tú te cansaste de mi camisa.
Como yo soy pa’ ti una rata
por las flores de este carril
tus papeles llenan mis baúles
corazones de tinta y de jazmín.

Porque tenía yo para los dos
una madriguera
con colchones en el suelo
con un grifo y una manguera
pobre sería yo si tuviera que callarme
que los dos pasamos hambre de comernos todas las tardes…

Cuando me faltas tengo mono en la cama
de desayunarte todas las mañanas
pero viendo cómo está el panorama
será mejor que cuente mis garrapatas
,
y si viene un día una brisa
que a mí me guie hasta tu bosque
volaré yo de la alegría,
que no quiero que vengan vientos del norte…

María Merino

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CARPE DIEM. Horacio

19 diciembre 2009
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Carmen Arjona

Catulo. Poema VIII

19 diciembre 2009

POEMA VIII

Pobre Catulo, deja de hacer locuras,

y da por perdido lo que ves que se perdió.

En otro tiempo brillaron para ti soles resplandecientes,

cuando corrías adonde te llevaba una niña

amada por mí como no lo será ninguna.

Entonces eran aquellod innumerables goces

que tú querías y la amada no rehusaba.

Verdaderamente brillaron para ti resplandecientes soles.

Ahora ella ya no quiere; tú, insensato, no la quieras tampoco,

y no persigas lo que huye,ni entristezcas tu vida,

sino obstinadamente resiste y no cedas.

Adiós, niña; Catulo no cede,

y no te buscará ni solicitará contra tus deseos.

Pero tú te quejarás cuando nada se te pida.

¡Ay de ti, miserable! ¡Qué vida te espera!

¿Quién se acercará ahora a ti? ¿Quién te encontrará hermosa?

¿A quién amarás ahora? ¿De quién dirán que eres?

¿A quién besarás? ¿A quién morderás los labios?

Pero tú, Catulo, mantente firme y no cedas.

Catulo (Verona 84-54 a.C.) es uno de los mayores representantes de la poesía lírica romana. También es el mayor representante de un grupo de poetas llamados los neotéricos o poetae novi, quienes defendían, entre otras cosas, el arte por el arte. Una de las cualidades de Catulo era ver las dos caras de la moneda de un mismo momento: felicidad y tristeza a la par, orgullo y humildad, amor y odio… en definitiva, era un poeta muy versátil, en el que predominaban todo tipo de sentimientos (un claro ejemplo de esto podría ser su poema ‘Odi et amo…’). Y es ahí dónde radica la importancia de Catulo en la historia de la lírica, pues su capacidad para unir sentimientos tan dispares en una misma situación es realmente asombrosa, e hizo que la lírica no fuese sólo para sentimientos puros y románticos. Además, el autor crea sin tapujos una poesía erótica y directa, cosa que también choca si tenemos en cuenta el siglo en el que se escribió (I a.C.).  Catulo, al escribir, se deja llevar por sus sentimientos, aunque no descuida la  métrica o la selección del vocabulario. Así pues, este autor consigue combinar una temática distinta e interesante con una perfección formal.

El poema VIII va dirigido, como de costumbre, a su amada Lesbia. Podemos observar en el poema por un lado el amor que siente hacia la muchacha, pues durante la primera parte del poema no critica a Lesbia, sino que se lamenta de sí mismo, rogándose que no haga más tonterías. Pero, también como es costumbre en el autor, llega un momento en esta misma poesía en el que aflora el orgullo, y pasa de reprocharse a sí mismo sus actos a criticar los suyos, preguntándole quién le amará si no es él. Así, Catulo pasa de sentir el sufrimiento más puro a mostrar su dignidad más arrogante. Este sentimiento además, no sólo lo ha sufrido Catulo, pues todos hemos podido sentirnos de algún modo identificados en esta poesía: todos hemos vividos situaciones en las que nos ha podido el orgullo cuando sabíamos que no teníamos razón o viceversa.

Gonzalo Cordero

Poesía lírica romana. Ovidio. Tristia

14 diciembre 2009

Cuando se me representa la imagen de aquella tristísima noche que fue la última de mi permanencia en Roma, cuando de nuevo recuerdo la noche en que hube de abandonar tantas prendas queridas, aun ahora mis ojos se deshacen en raudales de llanto. Ya estaba a punto de amanecer el día en que César me ordenaba traspasar las fronteras de Ausonia; ni la disposición del espíritu ni el tiempo consentían los preparativos del viaje, y un profundo estupor paralizaba mis energías(…) Parto al fin, si aquello no era conducirme derecho al sepulcro, desaliñado y con el cabello revuelto sobre el hirsuto rostro.

Ovidio (43 a.C- 17 d.C)  es uno de los poetas líricos romanos por excelencia. Su obra así lo demuestra, pues supo recoger las influencias de sus predecesores, tomando de Catulo la temática amorosa, los impulsos del corazón, así como la intensidad de las pasiones. De Horacio asumiría su perfección estilística y formal; añadiendo a todo ello un sello personal y distintivo.

Fue un personaje independiente, un hombre de espíritu libre que nunca quiso sentirse vinculado a nada ni a nadie. El año 8 d.C marcaría un antes y un después tanto en su vida como en su obra. A los 51 años fue desterrado a Tomis por alguna razón que se desconoce, y una vez allí hizo todo lo posible por volver a Roma. Antes de este suceso, escribió Amores y Heroidas, ambas de tema amoroso y durante el destierro Tristia y Epistulae ex Ponto. Incluso tras la muerte de Augusto no le fue posible regresar a su ciudad y finalmente murió en el destierro. Aún así este periodo significó su consagración como poeta elegíaco.

El fragmento elegido pertenece a su obra Tristia, que consta de casi cien poemas escritos en dísticos elegíacos en los que lamenta su partida de Roma, donde ha dejado a familiares y amigos, y en los que  se hace patente la tristeza por vivir en una tierra salvaje y alejada de su refinada Roma. Se hace imposible no nombrar a poetas posteriores que al igual que Ovidio sufrieron la obligación de abandonar su país, aunque quizás por motivos muy diferentes. Así encontramos a poetas de la Generación del 98 como Antonio Machado, quien a pesar de no haber escrito desde el exilio a causa de su repentina muerte, publicó con anterioridad un poema llamado Retrato y en cuya estrofa final se refleja la semejanza con este poema de Ovidio.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.                             

Antonio Machado


Parto al fin, si aquello no era conducirme derecho al sepulcro, desaliñado y con el cabello revuelto sobre el hirsuto rostro.

Ovidio

La obra de Rafael Alberti, poeta de la Generación del 27, recuerda también a la poesía escrita por Ovidio después de su destierro, pues este poeta tuvo que trasladarse en primer lugar a París y más tarde a Chile y Argentina tras la derrota republicana en la Guerra Civil Española. Durante esta etapa escribe poemas como Por encima del mar, desde la orilla americana del Atlántico, un canto a la añoranza de su tierra.

Por encima del mar, desde la orilla
americana del Atlántico

¡Si yo hubiera podido, oh Cádiz, a tu vera,
hoy, junto a ti, metido en tus raíces,
hablarte como entonces,
como cuando descalzo por tus verdes orillas
iba a tu mar robándole caracoles y algas!

Bien lo merecería, yo sé que tú lo sabes,
por haberte llevado tantos años conmigo,
por haberte cantado casi todos los días,
llamando siempre Cádiz a todo lo dichoso,
lo luminoso que me aconteciera.

Siénteme cerca, escúchame
igual que si mi nombre, si todo yo tangible,
proyectado en la cal hirviente de tus muros,
sobre tus farallones hundidos o en los huecos
de tus antiguas tumbas o en las olas te hablara.
Hoy tengo muchas cosas, muchas más que decirte.

Yo sé que lo lejano,
sí, que lo más lejano, aunque se llame
Mar de Solís o Río de la Plata,
no hace que los oídos
de tu siempre dispuesto corazón no me oigan.
Por encima del mar voy de nuevo a cantarte.

Rafael Alberti (1953)

A diferencia de Ovidio, quien jamás pudo volver a Roma, Alberti tras la muerte de Franco y después de más de cuarenta años de exilio, regresó a su tierra natal.

Lola Gracia

Virgilio, Eneida, IV, Dido confiesa a Ana su amor por Eneas.

9 noviembre 2009

 

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Dido y Eneas, Guérin

006

Los Puentes de Madison

Ana Jiménez

Súplica de Dido. Eneida

9 noviembre 2009

 

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Muerte de Dido (Reynolds)

Epigrama. Marcial.

31 mayo 2009

Antes de analizar el texto, daremos un breve repaso por el subgénero del epigrama, así como por la vida y el estilo de Marcial.

Los primero epigramas fueron composiciones breves para ser inscritas (en piedra) con un carácter votivo o funerario.

Ejemplo de epigrama en piedra

Ejemplo de epigrama en piedra

De aquí parten los epigramas literarios que en época helenística se desarrollaron mucho. Conservan muchas de sus características de ellos: brevedad, concisión, ingenio y vivacidad expresiva. Pero los epigramas literarios se enriquecen en temas, tratándose de composiciones eróticas, satíricas, costumbristas, festivas y fúnebres.

En Roma, los primeros epigramas literarios datan de finales del siglo II a.C.-. Formados por dísticos elegíacos describen sentimientos amorosos. En el siglo I a.C. podemos ver en la obra de Catulo una buena colección de epigramas, aunque el epigrama alcanzó su apogeo y reconocimiento con Marcial en el siglo I d.C.

Marcial

Marcial

Es el primer autor que adopta el epigrama como única forma de expresión, y dio a éste la forma que actualmente tiene.

Marcial nació en Bílbilis, una pequeña población de la Hispania tarraconense. Pronto marchó a Roma donde tuvo dificultades económicas y llevó una vida de cliente. Pasa la mayor parte de su vida en Roma, pero en su poesía se puede vislumbrar un amor obstinado por su tierra.

En su poesía,  Marcial muestra la corrompida sociedad romana, y sus ideas acerca de dicha sociedad, expresadas con acierto y concisión.

Podemos destacar que con sus epigramas también reacciona contra los usos y los modos literarios imperantes en su tiempo, y representa a la sociedad de su época a veces de una manera excesivamente obscena, pero sin intención moralizadora, además nunca utiliza la invectiva o el ataque personal.

Marcial, dentro del género, consigue un estilo claro de expresión y con unos versos sencillos “lasciva verborum veritas”.

“Reservas tus elogios para los muertos,
jamás aprecias a un poeta vivo.
Discúlpame, prefiero seguir viviendo
a tener tu alabanza.”

Tema: Es mejor estar vivo y sin reconocimiento que morir para ser adorado.

Resumen: Marcial se dirige hacia una tercera persona de la que no sabemos el nombre y le dice que se guarda sus alabanzas para los poetas muertos,  y que prefiere vivir y no tener sus alabanzas a morir para ser reconocido.

Comentario: Marcial resume en 4 versos, lo que Virgilio habría escrito en 15. Me gusta el estilo de epigrama, más que nada por su brevedad, quizás porque yo mismo me enredo y no consigo esa brevedad que tanto me gusta. Aparentemente, el epigrama solo se refiere a esa idea de la vida y el reconocimiento de Marcial que antes hemos visto, pero ¿podría tener otro trasfondo? Podríamos decir que se trata a su vez de una crítica a la épica tradicional, claro que esto no son más que suposiciones. Aunque alguien que tiene conocimientos básicos de la épica no puede evitar ver una relación, claro que Marcial no pretendía moralizar, pero sí usaba la crítica aunque de forma indirecta. Yo creo que sí que existe ese trasfondo, ese mensaje oculto, creo que puede ser una crítica a las ansias de inmortalidad de los héroes de la épica que curiosamente, tenía en Roma un héroe singular,  Eneas, podría ser una reacción a la inmortal Eneida del poeta Virgilio. En conclusión, me gusta este epigrama, porque yo también comparto esa visión de la vida, yo también prefiero vivir una buena vida y no ser recordado,  a morir joven pero ser recordado durante milenios.

Ovidio, Amores, II, 4 ¡Me gustan todas!

24 mayo 2009

Poema 4, libro IICupido4b

No me atrevería yo a defender mis defectuosas costumbres

ni a mover armas en defensa de mis vicios.

Lo admito, si de algo sirve reconocer las faltas:

ahora, tras reconocerlas, vuelvo insensato a mis delitos.

Odio, pero no puedo en mis deseos no ser lo que odio:

¡ay, qué duro es soportar lo que deseas quitarte de encima!

No tengo, en efecto, fuerzas ni ley para regirme a mí mismo:

soy llevado como popa arrastrada por rauda corriente.

No es una belleza concreta la que pueda excitar mi amor:

existen cien razones para estar yo siempre enamorado.

Si una bajó sus ojos ruborosos a la tierra,

me abraso y ese pudor es para mí una emboscada;

si otra es provocativa, cautivo quedo porque no es sosa

y me da esperanzas de menearse bien en mullido lecho.

Si pareces huraña y émula de las sabinas puritanas,

pienso que quieres, pero que en el fondo estás disimulando;

si eres culta, me agradas dotada de esas extraordinarias

cualidades; si inexperta, me agradas por tu sencillez.

Está la que dice que los versos de Calímaco son rústicos al lado

de los míos: a la que agrado, al instante ésa me agrada;

está también la que me critica a mí, poeta, y mis versos:

desearía tener debajo los muslos de la detractora.

Camina delicadamente: cautiva con su meneo; otra es dura:

pero podrá ser más delicada al contacto con un hombre.

A ésta porque canta dulcemente y modula con gran soltura

la voz, quisiera darle besos robados mientras canta;

ésta recorre las quejumbrosas cuerdas con el hábil pulgar:

¿quién no se enamoraría de manos tan sabias?

Aquélla agrada con sus gestos, mueve rítmicamente los brazos

y contornea su delicada cintura con sensual destreza:

por no hablar de mí, a quien cualquier cosa altera,

¡pon allí a Hipólito y será Príapo!

Tú, porque eres tan alta, igualas a las antiguas heroínas

y puedes ocupar tendida toda la cama;

otra es manejable por su pequeñez; las dos me pierden:

la grande y la chica se avienen a mis deseos.

No está arreglada: me imagino lo que ganaría arreglándose;

está acicalada: ella misma exhibe sus propios encantos.

La mujer blanca me cautivará, me cautivará la rubia:

también es agradable Venus el color oscuro.

Si cuelgan oscuros cabellos de un cuello de nieve…,

Leda era el centro de las miradas por su negra cabellera;

si amarillean…, agradó Aurora por su cabello azafranado:

mi amor se acomoda a todas las leyendas.

La joven me atrae, me seduce la madura:

aquélla es superior por su físico, ésta es la que sale.

En fin, a las jóvenes que cualquiera aprueba por toda Roma,

de todas ellas mi amor es candidato.

Ovidio amaba el amor y la vida. Ese afán por disfrutar de las mujeres y lo que éstas pudieran darle se refleja en la mayoría de sus poemas, y éste es un ejemplo. En su libro “Amores”, diversas mujeres pasan a ser protagonistas de sus versos, a pesar de la repetición del nombre de Corina en numerosas ocasiones. Ovidio se caracterizaba por ser el modelo de hombre mujeriego y enamoradizo, con diversas dificultades para poder permanecer enamorado de una única persona. No era tan romántico como autores clásicos anteriores. Como dice el mísmo título del poema, le gustan todas, mujeres de todo tipo le enamoran.

Por lo tanto, el tema principal del poema 4 del libro Segundo es, en efecto, su gusto diverso y amplio por mujeres de distintas clases, física o psicológicamente. Es fundamentalmente una enumeración descriptiva de todas las mujeres que le agradaban, clasificándolas según sus caracteres físicos, sus habilidades, sus formas de ser y sus conocimientos, sin descartar a ninguna ni añadir ninguna excepción. Y ante todo, reflejándose a sí mismo y su propia personalidad enamoradiza y vividora en cada uno de los versos.

En la primera estrofa habla de sí mismo, y de sus vicios y pasiones, las cuales odia, seguramente por ser moralmente incorrectas para la época o quizás contrarias a sus propios ideales, pero que a la vez desea. Por lo tanto, desprecia lo que a la vez le agrada, y no puede evitarlo. Quiere quitarse de encima esas costumbres que él considera deplorables, pero sigue cometiendo esos llamados “delitos” al dejarse llevar por “la rauda corriente”, es decir, lo que en el lenguaje romántico de nuestros tiempos se diría “seguir al corazón en lugar de a la razón”. Ovidio aprueba el camino que él considera “mejor”, que sería quizás ser hombre de una sola mujer; pero aun así sigue por el contrario, dejarse llevar por las pasiones amorosas sin control.

En esta primera estrofa se puede ver, entonces, la debilidad humana del autor ante tantos modelos de mujer que agradan a sus ojos, pero a su vez la frivolidad y ligereza con la que trata a las mujeres.

Y, como empieza a decir en la segunda parte del poema, no hay un solo modelo de mujer que pueda inspirar amor en él, y por lo tanto, si hay tantas mujeres, según él “hay más de cien razones para estar siempre enamorado”. Empieza hablando de su pasión por las mujeres vergonzosas y que se ruborizan con facilidad, y a la vez por las que, por el contrario, son atrevidas y provocativas. También menciona que le agradan tanto las mujeres cultas y experimentadas, como la sencillez de las inexpertas. Asi va redactando el poema, comparando sucesivamente puntos de vista y cualidades femeninas completamente opuestas. En los siguientes versos dice que le atraen tanto la que critica sus poemas como la que éstos agradan, tanto la dura como la delicada; la que toca un instrumento, la que canta o la que baila, realizando una metáfora con ésta última cualidad, e introduciendo a Hipólito y Príapo: Hipólito, símbolo de castidad, pasa a ser Príapo, dios de la fertilidad, explicando así su atracción sexual por la bailarina, y por todas a la vez, al decir “a él, que cualquier cosa altera”. Tras esta alución a los dioses, prosigue con su catalogación de las mujeres, explicando su deseo por la mujer alta y la menuda, por la acicalada y la que no lo está, por la rubia y la morena, la pálida y la de piel oscura, la joven y la madura.

El poema finaliza con una especie de “conclusión” mediante un epifonema, en la que resume que cualquier muchacha de Roma pudiera ser candidata para que él se enamorara, pues no hay ninguna que le desagrade. Ésta visión liberal y socarrona de Ovidio puede compararse con el modelo de hombre frívolo y machista del que se habla hoy en día, tratando a las mujeres como objetos de mera diversión, sin atender a motivos morales ni de educación, mostrando su admiración por todas. En la actualidad, este poema se puede comparar con cientos de canciones modernas que hablan de la atracción de un hombre por muchas mujeres.

La relación de Ovidio con las mujeres podría compararse quizás con la de los adolescentes de hoy en día, admirados por todo lo que les rodea, con ganas de experimentar y poca madurez para establecer un proyecto a largo plazo, enamorados de un número desorbitado e incontable de cosas.

FÁBULA, FEDRO.

24 mayo 2009

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VACA Y CABRA, OVEJA Y LEÓN. FEDRO

15 mayo 2009
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