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Referentes de Catulo.

7 febrero 2009

Actualmente, es sencillo encontrar cientos de referentes, imitaciones o menciones a Catulo a lo largo de la historia.

Con el Renacimiento, al volver a nacer la literatura grecorromana, autores como Cristóbal de Castillejo, crearon un poema amoroso en honor al poeta latino del s.I a.C. Esto es posible debido a la actualidad de sus temas, al fin y al cabo, el amor es el tema a elegir por excelencia.

También escritores tan importantes como Quevedo, lo nombran en sus cartas. Así, cuando Quevedo se vio recluido en un monasterio, dedicado a la lectura, escribe la Carta moral e instructiva a su amigo, Adán de la Parra, pintándole por horas su prisión y la vida que en ella hacía:

Desde las diez a las once rezo algunas devociones, y desde esta hora a la de las doce leo en buenos y malos autores; porque no hay ningún libro, por despreciable que sea, que no tenga alguna cosa buena, como ni algún lunar el de mejor nota. Catulo tiene sus errores, Marcus Fabius Quintilianus sus arrogancias, Cicerón algún absurdo, Séneca bastante confusión; y en fin, Homero sus cegueras, y el satírico Juvenal sus desbarros; sin que le falten a Egecias algunos conceptos, a Sidonio medianas sutilezas, a Ennodio acierto en algunas comparaciones, y a Aristarco, con ser tan insulsísimo, propiedad en bastantes ejemplos. De unos y de otros procuro aprovecharme de los malos para no seguirlos, y de los buenos para procurar imitarlos.

De todas formas, aquí nos centraremos en el estudio de Catulo en Pedro Salinas, célebre autor de la Generación del 27.

Es fácil llegar a la conclusión de que Pedro Salinas leyó a Catulo en su juventud, probablemente en latín. Entre ambos poetas median veinte siglos de tradición.

Para comenzar, veremos ambos poemas, y sacaremos sus puntos comunes:

Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

¡Sí, todo con exceso:

la luz, la vida, el mar!
Plural, todo plural,
Pedro Salinas, escritor de la generación del 27.

Pedro Salinas, escritor de la generación
del 27.

luces, vidas y mares.
A subir, a ascender

de docenas a cientos,
de cientos a millar,
en una jubilosa
repetición sin fin,
de tu amor, unidad.
tablas, plumas y máquinas,
todo a multiplicar,
caricia por caricia,
abrazo por volcán.
Hay que contar los números.
Que cuenten sin parar,
que se embriaguen contando,
y que no sepan ya
cuál de ellos será el último;
¡qué vivir sin final!
Que un gran tropel de ceros
asalte nuestras dichas
esbeltas, al pasar,
y las lleve a su cima.
Que se rompan las cifras,
sin poder calcular
ni el tiempo ni los besos.
Y al otro lado ya
de cómputos, de sinos,
entregarnos a ciegas
-¡exceso, qué penúltimo-!
a un gran fondo azaroso
que irresistiblemente
está
cantándonos a gritos
fúlgidos de futuro:
“Eso no es nada, aún.
Buscaos bien, hay más”

Podría pensarse que las ideas son similares en ambos poetas sin que uno imite o emule al otro deliberadamente; los paralelismos se deberían entones a mera coincidencia, a necesidades expresivas semejantes. Sin embrago en ambos están presentes los números, la progresión numérica por suma (Catulo) o por multiplicación (Salinas) referida a los besos de aquel y a los diversos gestos de amor (caricias, abrazos, besos) en este.

En los dos, las operaciones aritméticas son grandes cantidades que sirven para expresar un amor inmenso. De igual modo, la ruptura de las cuentas está presente en ambos poemas, en un afán compartido por alcanzar un amor ilimitado.

Si bien, también es cierto, que Catulo nombra a Lesbia en el primer verso, mientras que Salinas no nombra a su amada, pero en una de las primeras “secuencias” de júbilo, exclama el poeta: Me iré, me iré con ella / a amarnos, a vivir.

Por otra parte, tampoco están presentes en el autor del 27, las amenazas que acechan a los amantes en Catulo, los rumores de los viejos ni el carácter ineludible de la muerte. En Salinas adquiere, por el contrario, mayor importancia el arrebato amoroso que se lanza si contenerse hacia lo infinito.

También en Catulo, encontramos la vida asociada a la luz y al sol, la muerte a la noche. En su poema, los amantes triunfan momentáneamente sobre el tiempo.

En la composición de Salinas, si bien el amor no se introduce al inicio de la composición, sí lo hacen la luz y la vida, que exige en exceso, en plural: luces, vidas y mares. Luces en plural, como los soles de Catulo. El mar, en cambio en un elemento nuevo muy típico de Pedro Salinas.

Éste último, no evoca la muerte, como Catulo, sino que se queda en la vida y en sus aspectos más brillantes y explosivos.

Por último, decir que Catulo se muestra consciente en numerosas ocasiones de que su pasión rompe con lo establecido, con las convenciones sociales. Algo similar ocurría con el amor del poeta hispánico, que determinó que Pedro Salinas se aproximara por momentos a la poesía de Catulo, sin perder su estilo innovador.

Así en Salinas se muestra el anhelo, tras el encuentro amoroso, de situarse en un mundo nuevo, que comienza con la abolición del antiguo. La amada llega como un vendaval destruyendo “murallas, nombres, tiempos”

Enterraré los nombres, los rótulos, la historia

Iré rompiendo todo

Lo que encima me echaron

Desde antes de nacer.

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