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Comentario 1,8 Amores, Ovidio.

7 mayo 2009
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Nada más comenzar el poema, Ovidio, mediante un apóstrofe, hace una llamada de atención al lector, animándolo a leer lo que él escribe. Igualmente, empieza ya por describir la personalidad de la protagonista de su poema, una mujer alcahueta que pasa las noches borracha.

Es en esta primera estrofa que el poeta describe la dedicación de la mujer, la cual parece conocer todo lo concerniente a la brujería, las hierbas y la magia en general. Así, podemos encontrarla identificada con la alcahueta renacentista de Fernando de Rojas.

En los primeros tres versos de la segunda estrofa, Ovidio, hace referencia a la imagen de las brujas que se tenía en su tiempo. Una imagen no muy distante de la actual: volar de noche y recubrirse de plumas.

Asimismo, el poeta, forma parte de la trama de la poesía, siendo él mismo uno de sus personajes. En el verso vigésimo, habla de la elocuencia en el hablar de la vieja, si bien a él tampoco le falta, pero podríamos entender que lo que quiere decir es que la elocuencia de la vieja provoca que todos crean lo que ella les cuenta, sin atender a su condición de bruja. Así pues, a partir de la tercera estrofa comienza aquello que la bruja le dice a la que podríamos considerar su pupila:

Aquí, Dipsas, la vieja, hace gala de su codicia al mencionar el hecho de la riqueza que puede hacerse en el caso de que la chica se enriquezca.

Es en la siguiente estrofa en la que la vieja alude al cambio de mes, la salida de Marte y la llegada de Venus, con un aparente conocimiento astrológico. Esto es algo que podemos ver claramente reflejado en los oráculos actuales, en los que te previenen sobre la importancia de los planetas y las estrellas. En este caso, la llegada de Venus, como diosa del Amor, trae según Dipsis un amante rico a la joven.

Cuando la vieja exclama “¡Es un rubor! Cierta vergüenza en una cara blanca queda bien” deja patente la belleza de la joven por el color de su clara tez, de acuerdo con los cánones de belleza de la época (siglo I a.C.-I d.C.) De igual modo será este el canon de la belleza del Renacimiento y Barroco, tal y como reflejan autores como Luis de Góngora:

“Mientras por menosprecio en medio el llano

Mira tu blanca frente el lilio bello …”

No es hasta muchos años después, que Coco Chanel, joven diseñadora francesa, introduce el gusto por el bronceado tan de moda actualmente.

Volviendo al poema, parece importante explicar a qué se refiere Ovidio al nombrar a las sabinas y decir que es Venus quien reina en la ciudad de su querido Eneas (querido, porque se dice que Eneas desciende de dicha diosa). Las sabinas, eran el prototipo de rudeza y castidad, y Tacio, también nombrado, fue un rey sabino. De este modo, lo que Ovidio quiere decir es que Marte está en el exterior, porque es allí donde se practica la guerra, mientras que es Venus quien reina en la urbe (el amor).

Más adelante, la alcahueta, pone el ejemplo de Penélope, ejemplo de castidad y fidelidad en el matrimonio de la mitología clásica. Sin embargo al hacer referencia al arco que usaba para probar a sus pretendientes, la alcahueta da a entender que el fin de Penélope no era evitar casarse con uno de los pretendientes por su incapacidad para tomar el arco, sino muy al contrario, comprobar su virilidad.

A continuación, Ovidio va a exponer el tema del Carpe Diem, retomado posteriormente por autores como Góngora o Quevedo, o, ya en la actualidad, por Manuel Vincent en su obra “León de ojos verdes”:

“En efecto, era muy bella la juventud, que sin embargo se va, quien quiera ser feliz, sepa que del mañana no hay certeza”.

A continuación, la vieja continúa hablando a la joven sobre el dinero que ésta podría ganar. Llega incluso a hablar acerca de los libertos, aconsejándola no dejarse llevar por su baja clase social, si poseen riquezas. Frente a esta recomendación, nos encontramos con tres tipos de amantes pobres a los que Dipsas replica contundentemente: El poeta (“Dime ese poeta tuyo / A no ser nuevos versos ¿Qué te da?”) , el noble (“No te embarquen tampoco las esfinges / de sus ancestros puestas por el atrio”), y el guapo (“¿Cómo? ¿Por qué sea guapo / va a pedir una noche sin pagarla?”)


Más adelante Dipsas continúa con sus útiles consejos, nombrando en cierto punto el tópico “parakalusithyron”: “Qué tu puerta sea sorda al que te ruega”.

Igualmente, la vieja recomienda a su discípula hacer teatro, y complacer al hombre de forma que no resulte difícil sacarle dinero: con amor disimulado, y lágrimas falsas dependiendo del caso.

Casi al final del poema, Dipsas habla de la necesidad de los celos y los rivales que hacen que el amor sea duradero, tema al que el propio Ovidio hace mención en muchos de sus poemas. Entre ellos, dedica uno de su obra Ars Amandi (Arte de amar) a este tema. El poema es el 2, 18, y se titula Con la infidelidad vuelve el amor.

Ya al final, Ovidio vuelve a aparecer en su propia obra, mostrando su odio a la vieja bruja, en forma de pensamientos violentos. Sin embargo no es hasta la última imprecación que el autor no le desea lo más cruel: debido a su condición de borrachina, una sed eterna privada de vino.

Desde la primera vez que lei el poema, el personaje de Dipsas me recordó al de la Celestina renacentista. Esto se debe a sus descripciones, tan similares:

Celestina: “llamándome hechicera, alcahueta, vieja falsa, barbuda, malhechora”.

Además, cabe destacar que el propio autor (Fernando de Rojas) pone al poeta latino en boca de uno de sus personajes:

Sempronio: “¡Oh, hideputa y qué trovador! El gran antipater Sidonio, el gran poeta Ovidio, los cuales de improviso se les venían las razones metrificadas a la boca, ¡Sí, sí, de esos es”.

Por último, este poema corresponde al motivo literario de praeceptor poeta, o poeta maestro. En el poema a comentar, el papel de “maestra” está en boca de la alcahueta, al igual que en Celestina, aunque el decenlace en ambos personajes sea diferente. En este poema, Ovidio tan sólo hace una imprecación a la alcahueta, mientras que en la Celestina, la fatal muerte de ésta culmina la trayectoria del personaje . Trágica, pero a la vez dinámica. En cambio el tono de ambas obras es totalmente diferente. Ovidio, tal y como hace a lo largo de toda su obra, describe tanto la conversación como sus sentimientos al respecto con un humor y una frivolidad características. En cambio Fernando de Rojas utiliza un tono mucho más profundo y ceremomioso.

Portada de La Celestina, fernando de Rojas.

Portada de La Celestina, Fernando de Rojas.

Portada de Amores, Ovidio. Ed. Alianza.

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