Catulo. Poema VIII

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POEMA VIII

Pobre Catulo, deja de hacer locuras,

y da por perdido lo que ves que se perdió.

En otro tiempo brillaron para ti soles resplandecientes,

cuando corrías adonde te llevaba una niña

amada por mí como no lo será ninguna.

Entonces eran aquellod innumerables goces

que tú querías y la amada no rehusaba.

Verdaderamente brillaron para ti resplandecientes soles.

Ahora ella ya no quiere; tú, insensato, no la quieras tampoco,

y no persigas lo que huye,ni entristezcas tu vida,

sino obstinadamente resiste y no cedas.

Adiós, niña; Catulo no cede,

y no te buscará ni solicitará contra tus deseos.

Pero tú te quejarás cuando nada se te pida.

¡Ay de ti, miserable! ¡Qué vida te espera!

¿Quién se acercará ahora a ti? ¿Quién te encontrará hermosa?

¿A quién amarás ahora? ¿De quién dirán que eres?

¿A quién besarás? ¿A quién morderás los labios?

Pero tú, Catulo, mantente firme y no cedas.

Catulo (Verona 84-54 a.C.) es uno de los mayores representantes de la poesía lírica romana. También es el mayor representante de un grupo de poetas llamados los neotéricos o poetae novi, quienes defendían, entre otras cosas, el arte por el arte. Una de las cualidades de Catulo era ver las dos caras de la moneda de un mismo momento: felicidad y tristeza a la par, orgullo y humildad, amor y odio… en definitiva, era un poeta muy versátil, en el que predominaban todo tipo de sentimientos (un claro ejemplo de esto podría ser su poema ‘Odi et amo…’). Y es ahí dónde radica la importancia de Catulo en la historia de la lírica, pues su capacidad para unir sentimientos tan dispares en una misma situación es realmente asombrosa, e hizo que la lírica no fuese sólo para sentimientos puros y románticos. Además, el autor crea sin tapujos una poesía erótica y directa, cosa que también choca si tenemos en cuenta el siglo en el que se escribió (I a.C.).  Catulo, al escribir, se deja llevar por sus sentimientos, aunque no descuida la  métrica o la selección del vocabulario. Así pues, este autor consigue combinar una temática distinta e interesante con una perfección formal.

El poema VIII va dirigido, como de costumbre, a su amada Lesbia. Podemos observar en el poema por un lado el amor que siente hacia la muchacha, pues durante la primera parte del poema no critica a Lesbia, sino que se lamenta de sí mismo, rogándose que no haga más tonterías. Pero, también como es costumbre en el autor, llega un momento en esta misma poesía en el que aflora el orgullo, y pasa de reprocharse a sí mismo sus actos a criticar los suyos, preguntándole quién le amará si no es él. Así, Catulo pasa de sentir el sufrimiento más puro a mostrar su dignidad más arrogante. Este sentimiento además, no sólo lo ha sufrido Catulo, pues todos hemos podido sentirnos de algún modo identificados en esta poesía: todos hemos vividos situaciones en las que nos ha podido el orgullo cuando sabíamos que no teníamos razón o viceversa.

Gonzalo Cordero

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