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Ovidio, Amores, II, 4 ¡Me gustan todas!

24 mayo 2009

Poema 4, libro IICupido4b

No me atrevería yo a defender mis defectuosas costumbres

ni a mover armas en defensa de mis vicios.

Lo admito, si de algo sirve reconocer las faltas:

ahora, tras reconocerlas, vuelvo insensato a mis delitos.

Odio, pero no puedo en mis deseos no ser lo que odio:

¡ay, qué duro es soportar lo que deseas quitarte de encima!

No tengo, en efecto, fuerzas ni ley para regirme a mí mismo:

soy llevado como popa arrastrada por rauda corriente.

No es una belleza concreta la que pueda excitar mi amor:

existen cien razones para estar yo siempre enamorado.

Si una bajó sus ojos ruborosos a la tierra,

me abraso y ese pudor es para mí una emboscada;

si otra es provocativa, cautivo quedo porque no es sosa

y me da esperanzas de menearse bien en mullido lecho.

Si pareces huraña y émula de las sabinas puritanas,

pienso que quieres, pero que en el fondo estás disimulando;

si eres culta, me agradas dotada de esas extraordinarias

cualidades; si inexperta, me agradas por tu sencillez.

Está la que dice que los versos de Calímaco son rústicos al lado

de los míos: a la que agrado, al instante ésa me agrada;

está también la que me critica a mí, poeta, y mis versos:

desearía tener debajo los muslos de la detractora.

Camina delicadamente: cautiva con su meneo; otra es dura:

pero podrá ser más delicada al contacto con un hombre.

A ésta porque canta dulcemente y modula con gran soltura

la voz, quisiera darle besos robados mientras canta;

ésta recorre las quejumbrosas cuerdas con el hábil pulgar:

¿quién no se enamoraría de manos tan sabias?

Aquélla agrada con sus gestos, mueve rítmicamente los brazos

y contornea su delicada cintura con sensual destreza:

por no hablar de mí, a quien cualquier cosa altera,

¡pon allí a Hipólito y será Príapo!

Tú, porque eres tan alta, igualas a las antiguas heroínas

y puedes ocupar tendida toda la cama;

otra es manejable por su pequeñez; las dos me pierden:

la grande y la chica se avienen a mis deseos.

No está arreglada: me imagino lo que ganaría arreglándose;

está acicalada: ella misma exhibe sus propios encantos.

La mujer blanca me cautivará, me cautivará la rubia:

también es agradable Venus el color oscuro.

Si cuelgan oscuros cabellos de un cuello de nieve…,

Leda era el centro de las miradas por su negra cabellera;

si amarillean…, agradó Aurora por su cabello azafranado:

mi amor se acomoda a todas las leyendas.

La joven me atrae, me seduce la madura:

aquélla es superior por su físico, ésta es la que sale.

En fin, a las jóvenes que cualquiera aprueba por toda Roma,

de todas ellas mi amor es candidato.

Ovidio amaba el amor y la vida. Ese afán por disfrutar de las mujeres y lo que éstas pudieran darle se refleja en la mayoría de sus poemas, y éste es un ejemplo. En su libro “Amores”, diversas mujeres pasan a ser protagonistas de sus versos, a pesar de la repetición del nombre de Corina en numerosas ocasiones. Ovidio se caracterizaba por ser el modelo de hombre mujeriego y enamoradizo, con diversas dificultades para poder permanecer enamorado de una única persona. No era tan romántico como autores clásicos anteriores. Como dice el mísmo título del poema, le gustan todas, mujeres de todo tipo le enamoran.

Por lo tanto, el tema principal del poema 4 del libro Segundo es, en efecto, su gusto diverso y amplio por mujeres de distintas clases, física o psicológicamente. Es fundamentalmente una enumeración descriptiva de todas las mujeres que le agradaban, clasificándolas según sus caracteres físicos, sus habilidades, sus formas de ser y sus conocimientos, sin descartar a ninguna ni añadir ninguna excepción. Y ante todo, reflejándose a sí mismo y su propia personalidad enamoradiza y vividora en cada uno de los versos.

En la primera estrofa habla de sí mismo, y de sus vicios y pasiones, las cuales odia, seguramente por ser moralmente incorrectas para la época o quizás contrarias a sus propios ideales, pero que a la vez desea. Por lo tanto, desprecia lo que a la vez le agrada, y no puede evitarlo. Quiere quitarse de encima esas costumbres que él considera deplorables, pero sigue cometiendo esos llamados “delitos” al dejarse llevar por “la rauda corriente”, es decir, lo que en el lenguaje romántico de nuestros tiempos se diría “seguir al corazón en lugar de a la razón”. Ovidio aprueba el camino que él considera “mejor”, que sería quizás ser hombre de una sola mujer; pero aun así sigue por el contrario, dejarse llevar por las pasiones amorosas sin control.

En esta primera estrofa se puede ver, entonces, la debilidad humana del autor ante tantos modelos de mujer que agradan a sus ojos, pero a su vez la frivolidad y ligereza con la que trata a las mujeres.

Y, como empieza a decir en la segunda parte del poema, no hay un solo modelo de mujer que pueda inspirar amor en él, y por lo tanto, si hay tantas mujeres, según él “hay más de cien razones para estar siempre enamorado”. Empieza hablando de su pasión por las mujeres vergonzosas y que se ruborizan con facilidad, y a la vez por las que, por el contrario, son atrevidas y provocativas. También menciona que le agradan tanto las mujeres cultas y experimentadas, como la sencillez de las inexpertas. Asi va redactando el poema, comparando sucesivamente puntos de vista y cualidades femeninas completamente opuestas. En los siguientes versos dice que le atraen tanto la que critica sus poemas como la que éstos agradan, tanto la dura como la delicada; la que toca un instrumento, la que canta o la que baila, realizando una metáfora con ésta última cualidad, e introduciendo a Hipólito y Príapo: Hipólito, símbolo de castidad, pasa a ser Príapo, dios de la fertilidad, explicando así su atracción sexual por la bailarina, y por todas a la vez, al decir “a él, que cualquier cosa altera”. Tras esta alución a los dioses, prosigue con su catalogación de las mujeres, explicando su deseo por la mujer alta y la menuda, por la acicalada y la que no lo está, por la rubia y la morena, la pálida y la de piel oscura, la joven y la madura.

El poema finaliza con una especie de “conclusión” mediante un epifonema, en la que resume que cualquier muchacha de Roma pudiera ser candidata para que él se enamorara, pues no hay ninguna que le desagrade. Ésta visión liberal y socarrona de Ovidio puede compararse con el modelo de hombre frívolo y machista del que se habla hoy en día, tratando a las mujeres como objetos de mera diversión, sin atender a motivos morales ni de educación, mostrando su admiración por todas. En la actualidad, este poema se puede comparar con cientos de canciones modernas que hablan de la atracción de un hombre por muchas mujeres.

La relación de Ovidio con las mujeres podría compararse quizás con la de los adolescentes de hoy en día, admirados por todo lo que les rodea, con ganas de experimentar y poca madurez para establecer un proyecto a largo plazo, enamorados de un número desorbitado e incontable de cosas.

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Catulo en el siglo XX

20 febrero 2009

   Los autores españoles de la segunda mitad del siglo XX, en sus intentos de renovación poética, han buscado en ocasiones la inspiración en poetas latinos, convirtiendo a Catulo en uno de los maestros más apreciados. Tanto el mito del laberinto como la historia de Ariadna han sido temas de creaciones literarias; la más famosa la constituye el poema de Jorge Guillén “Ariadna en Naxos” que recrea el mito de Ariadna que, siendo diosa, en este poema tiene un comportamiento de mujer.

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Jorge Guillén

Catulo fue el máximo exponente de una sensibilidad nueva, rompiendo totalmente con los parámetros sociales y morales que imperaban en su tiempo. Fue asiduo desde joven a los salones de la plutocracia romana y formaba parte de los llamados “poetas nuevos”, educados en Grecia por tutores griegos. Se trataba de un grupo que pretendía renovar la poesía lírica latina con una métrica novedosa y una sensibilidad distinta, muy ligada a la opulencia en la que habían nacido y al ocio que practicaban. Catulo organizaba sus poemas de forma armoniosa, coherente, haciendo de ellos un calculado edificio poético.

En uno de los poemas de Catulo (el número 64, Las bodas de Tetis y Peleo) una de sus partes, titulada Ariadna en Naxos, es en la que se inspira Jorge Guillén:


Mira Ariadna hacia el mar:

Implacable su azul.

Y más despacio escruta el horizonte.

Es pavorosa, bajo tanto cielo.

La soledad sin mínima esperanza

De salvación. ¿No existe más que Naxos,

Olvidado, perdido?

Y la creciente angustia

Redoble en la garganta sus ahogos.

Una hija de rey

se dispone a la muerte.

Abandono ya es hambre

¿Habrá ya algún destino

Que penda sobre Ariadna, sobre Naxos?

La en absoluto sola

Columbra anulación.

¿Anulación? Quién sabe.

Un azar —¿por qué no?—

Puede irrumpir en el minuto mismo

—¡Luz!— de algún cruzamiento,

Fasto o nefasto azar,

Resurrección, transformación, sorpresa

Creadora, quién sabe.

Ariadna, tan exhausta,

Todavía subsiste.

El tiempo agonizante es inconsciencia,

Pesadilla indolora.

Tal mutismo recubre el desamparo

Que exije ya mudanza,

Algún novel rumor.

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blb045682 Guillén recrea este mito “desde dentro, actualizándolo y  humanizándolo o, de otro modo,  sublimando el amor humano hasta categorías universales. Y ello también dentro de una estructura musical suficientemente conocida, la de cantatas y madrigales. Gracias a este poema lírico el mito se ha hecho amor y, dentro de una tradición cultural que es la nuestra, ha conseguido la eternidad de las criaturas mortales”.

Como podemos observar,  los temas de Catulo, tanto los amorosos como los mitológicos, han sido objeto de inspiración durante el paso de los siglos, pasando desde otros autores latinos como Virgilio en las Bucólicas hasta los autores del siglo XX como éste.

 

Catulo y Antonio Colinas

19 febrero 2009

Uno de los autores que hacen referencia a Catulo es Antonio Colinas
(León, 1946),  quien en su Sepulcro en Tarquinia, publicado en 1975,
nos brinda un último pasaje que hace alusión al carmen 31 de Catulo:

Paene insularum, Sirmio, insularumque
ocelle, quascumque in liquentibus stagnis
marique vasto fert uterque Neptunus,
quam te libenter quamque laetus inviso,
vix mi ipse credens Thyniam atque Bithunos
liquisse campos et videre te in tuto.

O quid solutis est beatius curis?…

de la siguiente manera:

Si me vieras ahora junto al fuego,
penetrado de ti, de tu recuerdo,
hay tanta nieve fuera y sin embargo
aún pasa por mi mente aquella villa
de Catulo que imaginamos juntos,
no la villa con minas de Sirmione
con música ligera y gente rubia
bailando sobre el puente hecho de barcas,
no donde Joyce y Pound se han encontrado
(debieron ser tan dulces los olivos
de entonces, cuando el lago devoraba
el sol y era de fuego cada ola,
olas de verde fuego, cuántos peces,
desde los miradores y qué hermosas
las doncellas del templo y de los baños,
Sirmio, Sirmio de entonces, la dilecta
entre las islas bellas de aquel lago,
cuando la flor llegaba a los almendros
tú, Catulo, poeta de Verona,
viajabas a Asia, Sirmio, Sirmio,
llena de labios rojos y de cráteras)…

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Antonio Colinas

En conclusión,  Colinas se inspiró
en Catulo para este poema,  e incluso algún verso está traducido
casi literalmente

Referentes de Catulo

15 febrero 2009

La compañía de danza contemporánea dirigida por Tania Pérez- Salas dio a conocer la puesta en escena de Clodia la impúdica, basada en uno de los poemas que dedicó Catulo a su amada, cuando se enteró de su infidelidad. Fue escenificada en el Palacio de Bellas Artes, acompañada con la música del compositor Carl Orff, quien adaptó los versos del poeta en una partitura que tituló Catulli Carmina.
Aparecieron quince bailarines en escena para trasmitir, mediante el lenguaje corporal, la pasión, el incesto, la infidelidad y el amor.

Aún siendo poesía de la época de la Roma antigua, el tema no es diferente de lo que nos rodea en la actualidad: “mujeres infieles, perversas y cautivadoras”
Tania Pérez-Salas, quien interpretó a Clodia, dijo que esta mujer de la Roma antigua fue liberal, sofisticada y sin miedos, pues retaba constantemente a la muerte, al sexo y a la pasión. “La obra narrará la vida de Clodia, quien decidió convertirse en una prostituta después de haber perdido a su hermano, que era el amor de su vida”, contó.
La trágica historia de Clodia inició cuando se enamoró de su hermano y que desafortunademente murió. Después de esta pérdida, decidió entregar su vida a un prostíbulo, donde conoció a Catulo.
Catulo se enamora perdidamente de ella, pero las infidelidades no las toleró y decidió dejar a su amada, a pesar del dolor que esto le ocasionaría.

Entre las obras más famosas de Catulo están sus llamados Catulli Veronensis liber, que evidencian profunda pasión, devoción, desprecio y odio hacia una dama misteriosa, identificada únicamente como Lesbia.

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Tania Pérez-Salas

Referentes de Catulo

15 febrero 2009

A lo largo de la historia, muchos poetas se han servido de la poesía de Catulo para crear su propia obra, incluyendo versiones de sus poemas o tratando sus mismos temas.De esta manera, podemos encontrar numerosos referentes de la obra de este autor en la poesía actual, pero la obra de Catulo no repercutió sólo en la poesía.A continuación vamos a ver cómo la obra de este poeta latino ha servido también de inspiración a grandes músicos como Carl Orff.

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Carl Orff fue un compositor alemán del Neoclasicismo musical que continuó con la corriente creada por Igor Stravinsky.Éste es sobre todo conocido por Carmina Burana, obra que se estrenó en Fráncfort del Meno en 1938. Se trata de una cantata perteneciente a una trilogía que  también incluía Catulli Carmina( 1943) y Trionfo di Afrodita en la que reflejaba su interés por la poesía grecolatina, pues la letra de los Catulli Carmina es obra de Catulo y Trionfo di Afrodita es una selección de textos de Catulo, Safo y Eurípides.

Estas dos partes de la trilogía y en particular Catulli Carmina, tratan los poemas de Catulo en los que muestra su amor por Lesbia, quien no corresponde con fidelidad al amor entregado por Catulo y finalmente  éste termina por rechazarla al contemplar todo el daño que ha sufrido. Esta obra contiene uno de los poemas más famosos y reconocidos de Catulo, Odi et amo, considerado uno de los mejores de su obra y que podemos escuchar a continuación.


Para terminar con Catulo, por ahora

14 febrero 2009


¿Os acordáis de la 76 de Catulo? Su renuntiatio amoris, su dolor por la pérdida de Lesbia, sus ansias de sanar ese dolor…

Si qua recordanti benefacta priora voluptas
est homini, cum se — cogitat esse pium
nec sanctam violasse fidem, nec foedere nullo
divum ad fallendos — numine abusum homines:
multa parata manent in longa aetate, Catulle,
ex hoc ingrato — gaudia amore tibi.
nam quaecumque homines bene cuiquam aut dicere possunt
aut facere, haec a te — dictaque factaque sunt:
omnia quae ingratae perierunt credita menti.
quare cur te iam — amplius excrucies?
quin tu animo offirmas atque istinc teque reducis,
et dis invitis — desinis esse miser?
difficilest longum subito deponere amorem,
difficilest, verum hoc, — qua lubet, efficias:
una salus haec est, hoc est tibi pervincendum,
hoc facias, sive id — non pote sive pote.
o di, si vestrumst misereri, aut si quibus umquam
extremo, iam ipsa — in morte, tulistis opem,
me miserum aspicite et, si vitam puriter egi,
eripite hanc pestem — perniciemque mihi!
quae mihi, subrepens imos ut torpor in artus
expulit ex omni — pectore laetitias.
non iam illud quaero, contra ut me diligat illa,
aut, quod non potis est, — esse pudica velit:
ipse valere opto et taetrum hunc deponere morbum.
o di, reddite mi hoc — pro pietate mea!

Esta es una versión del profesor García Calvo, un experto en Poética, un maravilloso recitador:

Si uno en el recordar los bienes que antes hiciera
halla placer, al pensar — que él era bueno y lo es
y que ni santa fianza quebró ni a trueque ninguno
nombre de dios malusó — para a los hombres burlar,
muchos guardados entonces por largos años, Catulo,
de este maldito amor — gozos te esperan a ti:
pues lo que bien pueda un hombre decir o hacer a los otros,
tanto has hecho tú, — tanto tú dicho de bien;
todo lo cual se perdió, a un alma ingrata fiado.
Conque ¿por qué vas tú — a darte martirio ya más?
¿Qué, si no esfuerzas el ánimo y ya de ahí no te sacas
ni, contra venia de dios, — dejas de ser infeliz?
Duro lo es, un largo amor de repente dejarlo.
Duro lo es; pero así — has, como sea, de hacer:
ésta es la sola salud; esto tienes que conseguirlo;
esto has de hacer, da igual — si es imposible o si no.
Dioses, si hay en vosotros piedad, o si a alguien quisisteis,
a punto ya de morir, — última ayuda traer,
a mí, desgraciado, miradme, y si vida pura he llevado,
esta peste arrancad — y esta rüina de mí,
que, como una modorra escurriéndose en mis entrañas,
del corazón de raíz — toda alegría arrojó.
No ya aquello pretendo de que ella me corresponda
o, lo que no puede ser, — quiera vivir con pudor:
pido estar yo sano y dejar mi negra dolencia:
dioses, con esto pagad — lo que de bueno haya en mí.

En el blog Campos de fresa podéis oírlo recitar ambos poemas. ¡No os lo perdáis!

Referentes de Catulo.

7 febrero 2009

Actualmente, es sencillo encontrar cientos de referentes, imitaciones o menciones a Catulo a lo largo de la historia.

Con el Renacimiento, al volver a nacer la literatura grecorromana, autores como Cristóbal de Castillejo, crearon un poema amoroso en honor al poeta latino del s.I a.C. Esto es posible debido a la actualidad de sus temas, al fin y al cabo, el amor es el tema a elegir por excelencia.

También escritores tan importantes como Quevedo, lo nombran en sus cartas. Así, cuando Quevedo se vio recluido en un monasterio, dedicado a la lectura, escribe la Carta moral e instructiva a su amigo, Adán de la Parra, pintándole por horas su prisión y la vida que en ella hacía:

Desde las diez a las once rezo algunas devociones, y desde esta hora a la de las doce leo en buenos y malos autores; porque no hay ningún libro, por despreciable que sea, que no tenga alguna cosa buena, como ni algún lunar el de mejor nota. Catulo tiene sus errores, Marcus Fabius Quintilianus sus arrogancias, Cicerón algún absurdo, Séneca bastante confusión; y en fin, Homero sus cegueras, y el satírico Juvenal sus desbarros; sin que le falten a Egecias algunos conceptos, a Sidonio medianas sutilezas, a Ennodio acierto en algunas comparaciones, y a Aristarco, con ser tan insulsísimo, propiedad en bastantes ejemplos. De unos y de otros procuro aprovecharme de los malos para no seguirlos, y de los buenos para procurar imitarlos.

De todas formas, aquí nos centraremos en el estudio de Catulo en Pedro Salinas, célebre autor de la Generación del 27.

Es fácil llegar a la conclusión de que Pedro Salinas leyó a Catulo en su juventud, probablemente en latín. Entre ambos poetas median veinte siglos de tradición.

Para comenzar, veremos ambos poemas, y sacaremos sus puntos comunes:

Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

¡Sí, todo con exceso:

la luz, la vida, el mar!
Plural, todo plural,
Pedro Salinas, escritor de la generación del 27.

Pedro Salinas, escritor de la generación
del 27.

luces, vidas y mares.
A subir, a ascender

de docenas a cientos,
de cientos a millar,
en una jubilosa
repetición sin fin,
de tu amor, unidad.
tablas, plumas y máquinas,
todo a multiplicar,
caricia por caricia,
abrazo por volcán.
Hay que contar los números.
Que cuenten sin parar,
que se embriaguen contando,
y que no sepan ya
cuál de ellos será el último;
¡qué vivir sin final!
Que un gran tropel de ceros
asalte nuestras dichas
esbeltas, al pasar,
y las lleve a su cima.
Que se rompan las cifras,
sin poder calcular
ni el tiempo ni los besos.
Y al otro lado ya
de cómputos, de sinos,
entregarnos a ciegas
-¡exceso, qué penúltimo-!
a un gran fondo azaroso
que irresistiblemente
está
cantándonos a gritos
fúlgidos de futuro:
“Eso no es nada, aún.
Buscaos bien, hay más”

Podría pensarse que las ideas son similares en ambos poetas sin que uno imite o emule al otro deliberadamente; los paralelismos se deberían entones a mera coincidencia, a necesidades expresivas semejantes. Sin embrago en ambos están presentes los números, la progresión numérica por suma (Catulo) o por multiplicación (Salinas) referida a los besos de aquel y a los diversos gestos de amor (caricias, abrazos, besos) en este.

En los dos, las operaciones aritméticas son grandes cantidades que sirven para expresar un amor inmenso. De igual modo, la ruptura de las cuentas está presente en ambos poemas, en un afán compartido por alcanzar un amor ilimitado.

Si bien, también es cierto, que Catulo nombra a Lesbia en el primer verso, mientras que Salinas no nombra a su amada, pero en una de las primeras “secuencias” de júbilo, exclama el poeta: Me iré, me iré con ella / a amarnos, a vivir.

Por otra parte, tampoco están presentes en el autor del 27, las amenazas que acechan a los amantes en Catulo, los rumores de los viejos ni el carácter ineludible de la muerte. En Salinas adquiere, por el contrario, mayor importancia el arrebato amoroso que se lanza si contenerse hacia lo infinito.

También en Catulo, encontramos la vida asociada a la luz y al sol, la muerte a la noche. En su poema, los amantes triunfan momentáneamente sobre el tiempo.

En la composición de Salinas, si bien el amor no se introduce al inicio de la composición, sí lo hacen la luz y la vida, que exige en exceso, en plural: luces, vidas y mares. Luces en plural, como los soles de Catulo. El mar, en cambio en un elemento nuevo muy típico de Pedro Salinas.

Éste último, no evoca la muerte, como Catulo, sino que se queda en la vida y en sus aspectos más brillantes y explosivos.

Por último, decir que Catulo se muestra consciente en numerosas ocasiones de que su pasión rompe con lo establecido, con las convenciones sociales. Algo similar ocurría con el amor del poeta hispánico, que determinó que Pedro Salinas se aproximara por momentos a la poesía de Catulo, sin perder su estilo innovador.

Así en Salinas se muestra el anhelo, tras el encuentro amoroso, de situarse en un mundo nuevo, que comienza con la abolición del antiguo. La amada llega como un vendaval destruyendo “murallas, nombres, tiempos”

Enterraré los nombres, los rótulos, la historia

Iré rompiendo todo

Lo que encima me echaron

Desde antes de nacer.

Catulo y El Canto Del Loco. literatura_latina

27 enero 2009

En el próximo apartado visualizaremos la similitude que existe entre algunas poesías de Catulo y las canciones actuales.

·Esto es un extracto de una cancion del canto del loco, un grupo musical del siglo XXI.

Y eso es lo que quiero besos, besos.
todas las mañanas me despierten besos,
sea por la tarde y siga habiendo besos.
Y luego por la noche me den mas besos “pa” cenar.

·Y sin embargo esto es otro extracto sacado de una de las poesías de Catulo, titulada: Besos para Catulo.
Esta poesía está escrita en el siglo I a.C.

“…Dame mil besos, después dame cien
luego otros mil, luego otros cien
después hasta dos mil, después otra vez cien

:::Realmente, si sacasemos estas dos estrofas fuera de contexto, es casi imposible deducir o averiguar cuál es la actual y cuál es la del siglo I a. C.
Entre otras cosas podemos observar que la forma de amar, de ver el amor y el sentimiento amoroso enre dos personas no ha cambiado nada prácticamente en más de 22 siglos. También podemos deducir de ahí, entre otras cosas,  lo avanzado que era Catulo para su época.

Manu Estévez

SIGNA TECTA

27 enero 2009

SIGNA TECTA

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Los temas de la poesía de Catulo son diversos, y en ellos se distinguen varios de los tópicos literarios clásicos, los elementos ocultos del poema (Signa Tecta). Gran parte de las poesías de Catulo giran en torno a su gran pasión: Lesbia, a la que dedica muchos de ellos, directa o indirectamente, tanto demostrándole su amor, como increpándola tras su ruptura. Aparte de estas poesías, también existe otra variedad de temas: Piezas ligeras, invectivas personales y políticas, narraciones mitológicas o epigramas picantes.


Se puede ver en sus poemas el clásico tópico literario Carpe Diem -vivir la vida y disfrutar de ella- con facilidad, unido a su eterno amigo Tempus Fugit -la fugacidad del tiempo y de la vida- y un claro ejemplo es el poema Besos para Catulo:

“Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,

Y las habladurías de los viejos puritanos

Nos importen todas un bledo.

Los soles pueden salir y ponerse;

Nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,

Tendremos que dormir una noche sin fin.

Dame mil besos, después cien,

Luego otros mil, luego otros cien,

Después hasta dos mil, después otra vez cien;

Luego, cuando lleguemos a muchos miles,

Perderemos la cuenta para ignorarla

Y para que ningún malvado pueda dañarnos,

Cuando se entere del total de nuestros besos”

Cuando su relación con Lesbia finaliza, se refleja en sus poemas con facilidad, pues pasa a reprochar en ellos todos los defectos de su amada y a determinar su propia renuncia a su amor. Éste tópico es Renuntiatio Amoris, y se refleja en varios poemas, pero sobre todo en Renuncia de Amor:

“Desgraciado Catulo, deja de hacer tonterías,

Y lo que ves perdido, dalo por perdido.

Brillaron una vez para ti soles luminosos,

Cuando ibas a donde te llevaba tu amada,

Querida por ti como no lo será ninguna.

Entonces se sucedían escenas divertidas,

Que tú buscabas y tu amada no rehusaba.

Brillaron de verdad para ti soles luminosos.

Ahora ella ya no quiere; tú, no seas débil, tampoco,

Ni sigas sus pasos ni vivas desgraciado,

Sino endurece tu corazón y mantente firme.

¡Adiós, amor! Ya Catulo se mantiene firme:

Ya no te cortejará ni te buscará contra tu voluntad.

Pero tú lo sentirás, cuando nadie te corteje.

¡Malvada, ay de ti! ¡Qué vida te espera!

¿Quién se te acercará ahora? ¿Quién te verá hermosa?

¿De quién te enamorarás? ¿De quién se dirá que eres?

¿A quién besarás? ¿Los labios de quién morderás?

Pero tú, Catulo, resuelto, mantente firme”

Catulo hacía ver varias veces a lo largo de sus poemas el tópico Foedus Amoris –Juramento de amor- pues repetidamente le juraba su amor a Lesbia y hablaba de un pacto de amor que supuestamente habían establecido. Un ejemplo es Juramento de amor:

“Mi amada dice que no preferiría para casarse a otro hombre

Que no fuera yo, ni aunque lo solicitara el mismo Júpiter.

Lo dice, pero lo que una mujer dice a un amante apasionado

Hay que escribirlo en el viento y en el agua corriente”

O también, El amor de Catulo:

“Ninguna mujer puede decir que ha sido tan sinceramente

Querida como Lesbia lo ha sido para mí.

Ningún pacto fue jamás respetado con una lealtad tan grande

Como la que yo he mantenido en mi amor hacia ti”

Catulo era un amante, por encima de todo apasionado y expresaba  en sus poemas su locura al amar, como así también el sufrimiento que esto suponía. Este tópico –Furor Amoris– se puede divisar en un fragmento del poema Lucha interior, pues habla del amor como si fuera una enfermedad de la que debiera deshacerse:

“Oh dioses, si de vosotros es la misericordia, o si alguna vez

Habéis prestado una última ayuda en el umbral de la muerte,

Contemplad mi desgracia y, si he llevado una vida irreprochable,

Arrancadme esta peste y perdición,

Que, infiltrándose en lo profundo de mi ser como una parálisis,

Ha expulsado todas las alegrías de mi corazón!

Ya no pretendo que ella corresponda a mi cariño

O que, ¡imposible!, desee ser pudorosa:

Sólo aspiro a curarme y a expulsar esta horrible enfermedad.

¡Oh dioses, concededme esta gracia a cambio de mi piedad!”

Clara Vázquez

Safo y Catulo

25 enero 2009

Safo de Lesbos fue una poetisa griega, que vivió entre los años 650 y 580 a.C .Su familia pertenecía a la oligarquía local y a lo largo de su vida se dedicó principalmente, a enseñar y escribir poesía. Safo, era una amante de la cultura y sobre todo de la libertad y aunque no existen muchos datos acerca de ella y de su obra, es considerada como una de las poetisas más sobresalientes de la poesía lírica griega. A partir de sus poemas, se suele deducir que Safo podía mantener relaciones amorosas con sus discípulas y crear para ellas poemas tan bellos como el que viene a continuación:

Me parece que es igual a los dioses

el hombre aquel que frente a tí se sienta,

y a tu lado absorto escucha mientras

dulcemente hablas

y encantadora sonríes. Lo que a mí

el corazón en el pecho me arrebata;

apenas te miro y entonces no puedo

decir ya palabra.

Al punto se me espesa la lengua

y de pronto un sutil fuego me corre

bajo la piel, por mis ojos nada veo,

los oídos me zumban,

me invade un frío sudor y toda entera

me estremezco, más que al hierba pálida

estoy, y apenas distante de la muerte

me siento, infeliz.

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La poesía de Safo sirvió posteriormente de inspiración a poetas latinos como Catulo, el cual, en su honor, utilizó el nombre de Lesbia para referirse a Clodia, su amada.

De la obra de Catulo se conservan 116 poemas, que se caracterizan por la diversidad en los temas que trata y la forma con la que es capaz de utilizar el lenguaje. Por un lado, puede ofrecernos una poesía de carácter vulgar, con la que consigue una humillación absoluta hacia quienes odia y también para expresar el resentimiento que siente hacia Clodia cuando más tarde lo abandona. Pero a su vez también es capaz de crear bellos poemas de amor, dedicados tanto a Lesbia (en su mayoría) como a Junvencio, con el que se supone que también pudo mantener una relación de amor. Pero en ello consiste la originalidad y riqueza de Catulo y la brillantez de sus poemas.

El poema 51 de la obra de Catulo está dedicado a Clodia y es una versión del poema anterior de Safo:

Aquél me parece igual a un dios,

aquél, si es posible, superior a los dioses,

quien sentado frente a ti sin cesar te

contempla y oye.

Tu dulce sonrisa; ello trastorna, desagraciado

de mí, todos mis sentidos: en cuanto te

miro, Lesbia, mi garganta queda

sin voz,

mi lengua se paraliza, sutil llama

recorre mis miembros, los dos oídos me

zumban con su propio tintineo y una doble noche

cubre mis ojos.

El ocio, Catulo; no te conviene,

con el ocio te apasionas y excitas demasiado

El ocio arruinó antes a reyes y

ciudades florecientes.