Lucha interior. Catulo

1 marzo 2011 by

Lucha interior. Catulo

Si el hombre encuentra algún placer al recordar las buenas

acciones del pasado, cuando cree ser una persona leal,

y no haber violado el sagrado compromiso ni en pacto alguno

haber tomado en vano el numen de los dioses para engañar a los

hombres, muchas alegrías te estarán reservadas, Catulo,

para el resto de tu vida de ese amor no correspondido.

Pues todo el bien que los hombres pueden hacer o decir,

tú lo has hecho y lo has dicho.

Todo ha terminado por confiar en un corazón que no ha

correspondido. ¿Por qué,  pues,  atormentarte más?

¿Por qué no cobras valor y te repones tú mismo

y dejas de ser desgraciado oponiéndote a los dioses?

Difícil es romper de pronto con un amor duradero,

es difícil,  pero debes lograrlo como sea.

Es la única esperanza de salvación,  es la única victoria que

debes conseguir: hazlo, tanto si puedes como si no.

Catulo fue un representante esencial para la poesía latina (Verona 84-54 a.C.).  Se estableció el 62 a. C.,  introduciéndose en los cenáculos literarios de sus amigos formando un grupo poético que revolucionó la poesía épica de aquellos tiempos.

De la violenta pasión que despertó en Catulo su amor por Lesbia, dio lugar a varios poemas escritos con una sensibilidad increíble, y tan reales e íntimos que despierta las emociones del lector espontáneamente. Tardó en recuperarse a duras penas de este amor y eso se refleja en cada línea de sus poemas,  incluyendo el que yo he escogido.  La originalidad de Catulo consiste en haber sido el primero en haber iniciado la elegía romana con sus rasgos específicos de subjetividad,  autobiografismo e intimidad.

Este poema habla,  como una gran parte de los escritos de este libro,  de su amor por Lesbia.  Pero su amor por Lesbia en un momento que toca su fin, en el que Catulo se da cuenta de que ese amor no es correspondido y de que la vida continúa.  Refleja esa sensación de que amando tanto a alguien no acabará nunca ese sentimiento de impotencia,  tristeza y esa sensación de que tu mente está saturada con ese pensamiento y esa esperanza continua, esa esperanza que Catulo la denomina como tormento,  como oposición a los dioses,  ya que no tiene nada más que hacer,  y sigue pensando en Lesbia y en lo que podría ser o podría haber sido.

Es un poema en el que él mismo es la víctima del dolor que causa la simpleza de amar y no ser correspondido,  un tópico,  pero al fin y al cabo una de las cosas que más daño pueden hacerte y más complicado es acabar con ellas. Catulo es un hombre realista y consciente de que no ha hecho nada malo respecto a Lesbia,  ‘’ Pues todo el bien que los hombres pueden hacer o decir,  tú lo has hecho y lo has dicho’’. Y es cierto,  Catulo estaba enamorado de esa mujer,  pero las cosas a veces no salen como uno espera,  y aunque nadie sea culpable,  los sentimientos no son recíprocos o las situaciones de las personas son diferentes.

Al final del poema habla de otro tipo de esperanza de la que he mencionado antes,  es la esperanza realista de salir de ese túnel,  la esperanza de que algún día pueda olvidar a Lesbia y vivir,  volver a enamorarse y ser una nueva persona.  Él mismo se obliga a abandonar ese amor, tanto si puede como si no, es la única opción; ya que Catulo ama a Lesbia, pero también ama la vida en sí, y aunque no lo parezca, es un hombre optimista y desea continuar.  Tiene miedo de estar siempre triste y melancólico, y lo que él desea es satisfacer a las personas y estar arropado por sus seres queridos.

Este poema me ha gustado mucho, lo veo lleno de sentimiento y muy realista,  es algo que a todos les ha pasado alguna vez y sienten eso que Catulo describe de una forma tan cercana. Se siente cercano,  porque tienes esa certeza de que él está sintiendo cada palabra que escribe con todo su ser,  que lo ha pasado así por Lesbia y que los sentimientos son los mismos sin importar en qué época hayamos nacido o de que raza seamos. Siempre que existe un sentimiento de amor verdadero hacia una persona que no siente lo mismo por ti,  todos nos sentimos como Catulo dice sentirse en este poema.

Me ha recordado este poema a un cuadro de Frida Kahlo.  En el cuadro se refleja la obsesión que tenía la pintora por su marido, Diego Rivera, del que estaba locamente enamorada.  Llegó un punto en el que Diego estaba cansado, y en esa época tuvo una relación amorosa paralela.  El rostro representado mira al espectador con mirada triste.  Los largos cabellos se han enredado en su cuello y amenazan con estrangularla.  Refleja el sentimiento de saturación mental que he descrito antes,  la sensación de que toda tu cabeza gira alrededor de dicha persona y da lugar a una obsesión,  como la que tenía Catulo por Lesbia, dando a saber que daría la vida por ella y que todo se reduce a su amor.

Diego y yo. 1949

También, otro tema de la actualidad al que le he visto mucha similitud con el tema, es una canción del grupo de los ‘’Delinqüentes’’, que se llama La Madriguera.  El nombre es debido a las ansias del enamorado de crear una madriguera para ella, un lugar para estar los dos juntos, pero no es correspondido.  Se refleja muy bien en la frase: ‘’Cuando me faltas tengo mono en la cama de desayunarte todas las mañanas, pero viendo como está el panorama, será mejor que cuente mis garrapatas…’’ También el último párrafo refleja lo que he dicho de la esperanza:  “y si viene un día una brisa que a mí me guie hasta tu bosque volaré yo de la alegría que no quiero que vengan vientos del norte…’’ de la esperanza de Catulo de volver a sentir a Lesbia y también de volver a ser feliz, sin saber cómo pero deseando no estar triste.

Niña ¿qué tristeza hay en tu alma,
qué pena están gritando tus pupilas?
Quisiera yo unirme a ti con un par de grapas,
pero tú te cansaste de mi camisa.
Como yo soy pa’ ti una rata
por las flores de este carril
tus papeles llenan mis baúles
corazones de tinta y de jazmín.

Porque tenía yo para los dos
una madriguera
con colchones en el suelo
con un grifo y una manguera
pobre sería yo si tuviera que callarme
que los dos pasamos hambre de comernos todas las tardes…

Cuando me faltas tengo mono en la cama
de desayunarte todas las mañanas
pero viendo cómo está el panorama
será mejor que cuente mis garrapatas
,
y si viene un día una brisa
que a mí me guie hasta tu bosque
volaré yo de la alegría,
que no quiero que vengan vientos del norte…

María Merino

Nuestro [muy personal] cuadro de Eco

8 abril 2010 by

¿Por qué intentas, vano pintor, darme un rostro
y atraer a la diosa invisible a las miradas?
Del aire y de la voz soy hija, madre de incorpóreo
aliento, y una palabra alocada engendro.
Haciendo volver los últimos tonos, al acabar de oírse,
sigo, divertida, las palabras ajenas con las mías.
En vuestros oídos habito yo, la escurridiza Eco:
y si deseas pintarme tal como soy, pinta el sonido.

Ausonio


Para Fátima de la República Independiente de Humanidades (pinta y colorea)

Pintores:

-Gonzalo Cordero (Maestro)

-Lola Gracia

-Carmen Arjona

-Manu Estévez

-Clara Vázquez (colaboradora en esta entrada)

-Ana Jiménez

Apoyos morales:

-Valentina Bonaccini

-Fran Naharro

Safo de Mitilene

20 diciembre 2009 by
Safo - Pintura Pompeya

Safo nació en la isla de Lesbos, probablemente en Mitilene;  fue una poeta lírica griega cuya fama hizo que Platón se refiriera a ella dos siglos después de su muerte como la décima musa. Aunque no se sabe mucho acerca de su vida, perteneció al parecer a una familia noble y fue contemporánea del poeta lírico Alceo. También se dice que se casó con un hombre rico de la isla de Andros y que tuvo una hija llamada Cleis. Otra leyenda, que no merece credibilidad alguna, sostiene que, tras ser rechazada por el joven marino Faón, se arrojó desde un acantilado en Léucade . No se sabe cuándo murió, pero en sus poemas de última época se describe a sí misma como una anciana que goza de una vida tranquila, pobre, en armonía con la naturaleza.

Los fragmentos que hoy conservamos de sus poemas indican que Safo enseñó su arte a un grupo de mujeres jóvenes, con las que mantuvo una estrecha relación y para las que compuso sus odas nupciales cuando la abandonaron para casarse. El poeta Anacreonte afirmaba, en referencia a este grupo, que Safo sentía un amor sexual por las mujeres; de ahí proceden los términos lesbianismo y safismo, que aluden a la homosexualidad femenina.

Safo escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conservan algunos fragmentos de todos ellos. Entre estos destaca la Oda a Afrodita. La poesía de Safo se caracteriza por la exquisita belleza de su dicción, su perfección formal, su intensidad y su emoción. Inventó el verso hoy conocido como oda sáfica. Muchos poetas griegos posteriores asimilaron la influencia de Safo.

En el año 1703, la Iglesia Católica ordenó quemar todas las copias de los poemas de Safo, de los que sólo se logró recuperar un tercio. En 2004 fueron hallados nuevos fragmentos de Safo, que amplían y mejoran sustancialmente uno de los que ya se tenía de ella.

papyrusea

Soledad a Media Noche

Se han puesto ya la luna y las pléyades.
Es media noche.
Pasa el tiempo.
Y yo sigo durmiendo sola.

En este corto pero intenso poema, Safo refleja la frialdad de su cama y apreciamos cómo desde la Antigüedad la soledad se refleja en la cama porque es donde realmente te das cuenta de que estás solo, al no tener a quien abrazar, besar, acariciar… Safo también consigue reflejar el paso del tiempo que parece algo tan absurdo pero que cuando te quieres dar cuenta, ha pasado y te ves con que nunca nadie “profundizó” en tu cama, ya no carnalmente, sino sentimentalmente.
La soledad en mi opinión es de los estados a los que más teme el ser humano porque no hay persona más pobre que la que nucca ha querido; no que  haya sido querido, porque eso nunca se sabe,  se puede finjir y llegar a creer,  pero el ser humano que muere sin haber querido se puede decir que ha vivido para nada. Pero, por el contrario, es preferible no conocer la compañía y el calor de alguien porque si despues te lo quitan tan rápido como un rayo, te puede hacer vivir en el recuerdo y entonces hubiese sido mejor morir sin conocer el amor, que vivir en una constante soledad.

Hay muchas canciones en la actualidad que tratan el tema de la soledad, una de ellas puede ser la de Antonio Orozco, Es mi soledad, y lo hace de un modo muy bonito aunque bastante triste (tal vez sea porque no haya manera alegre de referirse a tal estado de pena). Otro ejemplo es la canción Durmiendo sola de David Demaria y Vanesa Martin.


Fran Naharro

CARPE DIEM. Horacio

19 diciembre 2009 by
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Carmen Arjona

¡Mejor, el fruto prohibido! OVIDIO

19 diciembre 2009 by
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Adán y Eva, Tiziano

Clara Vázquez

En la distancia. Safo

19 diciembre 2009 by
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Safo. Fresco pompeyano

Film Mary Poppins, 1964

Ana Jiménez

Catulo. Poema VIII

19 diciembre 2009 by

POEMA VIII

Pobre Catulo, deja de hacer locuras,

y da por perdido lo que ves que se perdió.

En otro tiempo brillaron para ti soles resplandecientes,

cuando corrías adonde te llevaba una niña

amada por mí como no lo será ninguna.

Entonces eran aquellod innumerables goces

que tú querías y la amada no rehusaba.

Verdaderamente brillaron para ti resplandecientes soles.

Ahora ella ya no quiere; tú, insensato, no la quieras tampoco,

y no persigas lo que huye,ni entristezcas tu vida,

sino obstinadamente resiste y no cedas.

Adiós, niña; Catulo no cede,

y no te buscará ni solicitará contra tus deseos.

Pero tú te quejarás cuando nada se te pida.

¡Ay de ti, miserable! ¡Qué vida te espera!

¿Quién se acercará ahora a ti? ¿Quién te encontrará hermosa?

¿A quién amarás ahora? ¿De quién dirán que eres?

¿A quién besarás? ¿A quién morderás los labios?

Pero tú, Catulo, mantente firme y no cedas.

Catulo (Verona 84-54 a.C.) es uno de los mayores representantes de la poesía lírica romana. También es el mayor representante de un grupo de poetas llamados los neotéricos o poetae novi, quienes defendían, entre otras cosas, el arte por el arte. Una de las cualidades de Catulo era ver las dos caras de la moneda de un mismo momento: felicidad y tristeza a la par, orgullo y humildad, amor y odio… en definitiva, era un poeta muy versátil, en el que predominaban todo tipo de sentimientos (un claro ejemplo de esto podría ser su poema ‘Odi et amo…’). Y es ahí dónde radica la importancia de Catulo en la historia de la lírica, pues su capacidad para unir sentimientos tan dispares en una misma situación es realmente asombrosa, e hizo que la lírica no fuese sólo para sentimientos puros y románticos. Además, el autor crea sin tapujos una poesía erótica y directa, cosa que también choca si tenemos en cuenta el siglo en el que se escribió (I a.C.).  Catulo, al escribir, se deja llevar por sus sentimientos, aunque no descuida la  métrica o la selección del vocabulario. Así pues, este autor consigue combinar una temática distinta e interesante con una perfección formal.

El poema VIII va dirigido, como de costumbre, a su amada Lesbia. Podemos observar en el poema por un lado el amor que siente hacia la muchacha, pues durante la primera parte del poema no critica a Lesbia, sino que se lamenta de sí mismo, rogándose que no haga más tonterías. Pero, también como es costumbre en el autor, llega un momento en esta misma poesía en el que aflora el orgullo, y pasa de reprocharse a sí mismo sus actos a criticar los suyos, preguntándole quién le amará si no es él. Así, Catulo pasa de sentir el sufrimiento más puro a mostrar su dignidad más arrogante. Este sentimiento además, no sólo lo ha sufrido Catulo, pues todos hemos podido sentirnos de algún modo identificados en esta poesía: todos hemos vividos situaciones en las que nos ha podido el orgullo cuando sabíamos que no teníamos razón o viceversa.

Gonzalo Cordero

Poesía lírica romana. Ovidio. Tristia

14 diciembre 2009 by

Cuando se me representa la imagen de aquella tristísima noche que fue la última de mi permanencia en Roma, cuando de nuevo recuerdo la noche en que hube de abandonar tantas prendas queridas, aun ahora mis ojos se deshacen en raudales de llanto. Ya estaba a punto de amanecer el día en que César me ordenaba traspasar las fronteras de Ausonia; ni la disposición del espíritu ni el tiempo consentían los preparativos del viaje, y un profundo estupor paralizaba mis energías(…) Parto al fin, si aquello no era conducirme derecho al sepulcro, desaliñado y con el cabello revuelto sobre el hirsuto rostro.

Ovidio (43 a.C- 17 d.C)  es uno de los poetas líricos romanos por excelencia. Su obra así lo demuestra, pues supo recoger las influencias de sus predecesores, tomando de Catulo la temática amorosa, los impulsos del corazón, así como la intensidad de las pasiones. De Horacio asumiría su perfección estilística y formal; añadiendo a todo ello un sello personal y distintivo.

Fue un personaje independiente, un hombre de espíritu libre que nunca quiso sentirse vinculado a nada ni a nadie. El año 8 d.C marcaría un antes y un después tanto en su vida como en su obra. A los 51 años fue desterrado a Tomis por alguna razón que se desconoce, y una vez allí hizo todo lo posible por volver a Roma. Antes de este suceso, escribió Amores y Heroidas, ambas de tema amoroso y durante el destierro Tristia y Epistulae ex Ponto. Incluso tras la muerte de Augusto no le fue posible regresar a su ciudad y finalmente murió en el destierro. Aún así este periodo significó su consagración como poeta elegíaco.

El fragmento elegido pertenece a su obra Tristia, que consta de casi cien poemas escritos en dísticos elegíacos en los que lamenta su partida de Roma, donde ha dejado a familiares y amigos, y en los que  se hace patente la tristeza por vivir en una tierra salvaje y alejada de su refinada Roma. Se hace imposible no nombrar a poetas posteriores que al igual que Ovidio sufrieron la obligación de abandonar su país, aunque quizás por motivos muy diferentes. Así encontramos a poetas de la Generación del 98 como Antonio Machado, quien a pesar de no haber escrito desde el exilio a causa de su repentina muerte, publicó con anterioridad un poema llamado Retrato y en cuya estrofa final se refleja la semejanza con este poema de Ovidio.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.                             

Antonio Machado


Parto al fin, si aquello no era conducirme derecho al sepulcro, desaliñado y con el cabello revuelto sobre el hirsuto rostro.

Ovidio

La obra de Rafael Alberti, poeta de la Generación del 27, recuerda también a la poesía escrita por Ovidio después de su destierro, pues este poeta tuvo que trasladarse en primer lugar a París y más tarde a Chile y Argentina tras la derrota republicana en la Guerra Civil Española. Durante esta etapa escribe poemas como Por encima del mar, desde la orilla americana del Atlántico, un canto a la añoranza de su tierra.

Por encima del mar, desde la orilla
americana del Atlántico

¡Si yo hubiera podido, oh Cádiz, a tu vera,
hoy, junto a ti, metido en tus raíces,
hablarte como entonces,
como cuando descalzo por tus verdes orillas
iba a tu mar robándole caracoles y algas!

Bien lo merecería, yo sé que tú lo sabes,
por haberte llevado tantos años conmigo,
por haberte cantado casi todos los días,
llamando siempre Cádiz a todo lo dichoso,
lo luminoso que me aconteciera.

Siénteme cerca, escúchame
igual que si mi nombre, si todo yo tangible,
proyectado en la cal hirviente de tus muros,
sobre tus farallones hundidos o en los huecos
de tus antiguas tumbas o en las olas te hablara.
Hoy tengo muchas cosas, muchas más que decirte.

Yo sé que lo lejano,
sí, que lo más lejano, aunque se llame
Mar de Solís o Río de la Plata,
no hace que los oídos
de tu siempre dispuesto corazón no me oigan.
Por encima del mar voy de nuevo a cantarte.

Rafael Alberti (1953)

A diferencia de Ovidio, quien jamás pudo volver a Roma, Alberti tras la muerte de Franco y después de más de cuarenta años de exilio, regresó a su tierra natal.

Lola Gracia

Aquiles y Héctor. Ilíada

12 noviembre 2009 by
aquiles-hector

Aquiles y Héctor, cerámica griega

 

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En este vídeo se muestra  el combate entre Aquiles y Héctor. Pertenece a la película Troya;  la mayoría de los detalles del combate han sido suprimidos.

Gonzalo Cordero Jiménez

Virgilio, Eneida, IV, Dido confiesa a Ana su amor por Eneas.

9 noviembre 2009 by

 

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Dido y Eneas, Guérin

006

Los Puentes de Madison

Ana Jiménez


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