Posts Tagged ‘ovidio’

¡Mejor, el fruto prohibido! OVIDIO

19 diciembre 2009
View this document on Scribd

Adán y Eva, Tiziano

Clara Vázquez

Anuncios

Poesía lírica romana. Ovidio. Tristia

14 diciembre 2009

Cuando se me representa la imagen de aquella tristísima noche que fue la última de mi permanencia en Roma, cuando de nuevo recuerdo la noche en que hube de abandonar tantas prendas queridas, aun ahora mis ojos se deshacen en raudales de llanto. Ya estaba a punto de amanecer el día en que César me ordenaba traspasar las fronteras de Ausonia; ni la disposición del espíritu ni el tiempo consentían los preparativos del viaje, y un profundo estupor paralizaba mis energías(…) Parto al fin, si aquello no era conducirme derecho al sepulcro, desaliñado y con el cabello revuelto sobre el hirsuto rostro.

Ovidio (43 a.C- 17 d.C)  es uno de los poetas líricos romanos por excelencia. Su obra así lo demuestra, pues supo recoger las influencias de sus predecesores, tomando de Catulo la temática amorosa, los impulsos del corazón, así como la intensidad de las pasiones. De Horacio asumiría su perfección estilística y formal; añadiendo a todo ello un sello personal y distintivo.

Fue un personaje independiente, un hombre de espíritu libre que nunca quiso sentirse vinculado a nada ni a nadie. El año 8 d.C marcaría un antes y un después tanto en su vida como en su obra. A los 51 años fue desterrado a Tomis por alguna razón que se desconoce, y una vez allí hizo todo lo posible por volver a Roma. Antes de este suceso, escribió Amores y Heroidas, ambas de tema amoroso y durante el destierro Tristia y Epistulae ex Ponto. Incluso tras la muerte de Augusto no le fue posible regresar a su ciudad y finalmente murió en el destierro. Aún así este periodo significó su consagración como poeta elegíaco.

El fragmento elegido pertenece a su obra Tristia, que consta de casi cien poemas escritos en dísticos elegíacos en los que lamenta su partida de Roma, donde ha dejado a familiares y amigos, y en los que  se hace patente la tristeza por vivir en una tierra salvaje y alejada de su refinada Roma. Se hace imposible no nombrar a poetas posteriores que al igual que Ovidio sufrieron la obligación de abandonar su país, aunque quizás por motivos muy diferentes. Así encontramos a poetas de la Generación del 98 como Antonio Machado, quien a pesar de no haber escrito desde el exilio a causa de su repentina muerte, publicó con anterioridad un poema llamado Retrato y en cuya estrofa final se refleja la semejanza con este poema de Ovidio.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.                             

Antonio Machado


Parto al fin, si aquello no era conducirme derecho al sepulcro, desaliñado y con el cabello revuelto sobre el hirsuto rostro.

Ovidio

La obra de Rafael Alberti, poeta de la Generación del 27, recuerda también a la poesía escrita por Ovidio después de su destierro, pues este poeta tuvo que trasladarse en primer lugar a París y más tarde a Chile y Argentina tras la derrota republicana en la Guerra Civil Española. Durante esta etapa escribe poemas como Por encima del mar, desde la orilla americana del Atlántico, un canto a la añoranza de su tierra.

Por encima del mar, desde la orilla
americana del Atlántico

¡Si yo hubiera podido, oh Cádiz, a tu vera,
hoy, junto a ti, metido en tus raíces,
hablarte como entonces,
como cuando descalzo por tus verdes orillas
iba a tu mar robándole caracoles y algas!

Bien lo merecería, yo sé que tú lo sabes,
por haberte llevado tantos años conmigo,
por haberte cantado casi todos los días,
llamando siempre Cádiz a todo lo dichoso,
lo luminoso que me aconteciera.

Siénteme cerca, escúchame
igual que si mi nombre, si todo yo tangible,
proyectado en la cal hirviente de tus muros,
sobre tus farallones hundidos o en los huecos
de tus antiguas tumbas o en las olas te hablara.
Hoy tengo muchas cosas, muchas más que decirte.

Yo sé que lo lejano,
sí, que lo más lejano, aunque se llame
Mar de Solís o Río de la Plata,
no hace que los oídos
de tu siempre dispuesto corazón no me oigan.
Por encima del mar voy de nuevo a cantarte.

Rafael Alberti (1953)

A diferencia de Ovidio, quien jamás pudo volver a Roma, Alberti tras la muerte de Franco y después de más de cuarenta años de exilio, regresó a su tierra natal.

Lola Gracia

Ovidio, Amores, II, 4 ¡Me gustan todas!

24 mayo 2009

Poema 4, libro IICupido4b

No me atrevería yo a defender mis defectuosas costumbres

ni a mover armas en defensa de mis vicios.

Lo admito, si de algo sirve reconocer las faltas:

ahora, tras reconocerlas, vuelvo insensato a mis delitos.

Odio, pero no puedo en mis deseos no ser lo que odio:

¡ay, qué duro es soportar lo que deseas quitarte de encima!

No tengo, en efecto, fuerzas ni ley para regirme a mí mismo:

soy llevado como popa arrastrada por rauda corriente.

No es una belleza concreta la que pueda excitar mi amor:

existen cien razones para estar yo siempre enamorado.

Si una bajó sus ojos ruborosos a la tierra,

me abraso y ese pudor es para mí una emboscada;

si otra es provocativa, cautivo quedo porque no es sosa

y me da esperanzas de menearse bien en mullido lecho.

Si pareces huraña y émula de las sabinas puritanas,

pienso que quieres, pero que en el fondo estás disimulando;

si eres culta, me agradas dotada de esas extraordinarias

cualidades; si inexperta, me agradas por tu sencillez.

Está la que dice que los versos de Calímaco son rústicos al lado

de los míos: a la que agrado, al instante ésa me agrada;

está también la que me critica a mí, poeta, y mis versos:

desearía tener debajo los muslos de la detractora.

Camina delicadamente: cautiva con su meneo; otra es dura:

pero podrá ser más delicada al contacto con un hombre.

A ésta porque canta dulcemente y modula con gran soltura

la voz, quisiera darle besos robados mientras canta;

ésta recorre las quejumbrosas cuerdas con el hábil pulgar:

¿quién no se enamoraría de manos tan sabias?

Aquélla agrada con sus gestos, mueve rítmicamente los brazos

y contornea su delicada cintura con sensual destreza:

por no hablar de mí, a quien cualquier cosa altera,

¡pon allí a Hipólito y será Príapo!

Tú, porque eres tan alta, igualas a las antiguas heroínas

y puedes ocupar tendida toda la cama;

otra es manejable por su pequeñez; las dos me pierden:

la grande y la chica se avienen a mis deseos.

No está arreglada: me imagino lo que ganaría arreglándose;

está acicalada: ella misma exhibe sus propios encantos.

La mujer blanca me cautivará, me cautivará la rubia:

también es agradable Venus el color oscuro.

Si cuelgan oscuros cabellos de un cuello de nieve…,

Leda era el centro de las miradas por su negra cabellera;

si amarillean…, agradó Aurora por su cabello azafranado:

mi amor se acomoda a todas las leyendas.

La joven me atrae, me seduce la madura:

aquélla es superior por su físico, ésta es la que sale.

En fin, a las jóvenes que cualquiera aprueba por toda Roma,

de todas ellas mi amor es candidato.

Ovidio amaba el amor y la vida. Ese afán por disfrutar de las mujeres y lo que éstas pudieran darle se refleja en la mayoría de sus poemas, y éste es un ejemplo. En su libro “Amores”, diversas mujeres pasan a ser protagonistas de sus versos, a pesar de la repetición del nombre de Corina en numerosas ocasiones. Ovidio se caracterizaba por ser el modelo de hombre mujeriego y enamoradizo, con diversas dificultades para poder permanecer enamorado de una única persona. No era tan romántico como autores clásicos anteriores. Como dice el mísmo título del poema, le gustan todas, mujeres de todo tipo le enamoran.

Por lo tanto, el tema principal del poema 4 del libro Segundo es, en efecto, su gusto diverso y amplio por mujeres de distintas clases, física o psicológicamente. Es fundamentalmente una enumeración descriptiva de todas las mujeres que le agradaban, clasificándolas según sus caracteres físicos, sus habilidades, sus formas de ser y sus conocimientos, sin descartar a ninguna ni añadir ninguna excepción. Y ante todo, reflejándose a sí mismo y su propia personalidad enamoradiza y vividora en cada uno de los versos.

En la primera estrofa habla de sí mismo, y de sus vicios y pasiones, las cuales odia, seguramente por ser moralmente incorrectas para la época o quizás contrarias a sus propios ideales, pero que a la vez desea. Por lo tanto, desprecia lo que a la vez le agrada, y no puede evitarlo. Quiere quitarse de encima esas costumbres que él considera deplorables, pero sigue cometiendo esos llamados “delitos” al dejarse llevar por “la rauda corriente”, es decir, lo que en el lenguaje romántico de nuestros tiempos se diría “seguir al corazón en lugar de a la razón”. Ovidio aprueba el camino que él considera “mejor”, que sería quizás ser hombre de una sola mujer; pero aun así sigue por el contrario, dejarse llevar por las pasiones amorosas sin control.

En esta primera estrofa se puede ver, entonces, la debilidad humana del autor ante tantos modelos de mujer que agradan a sus ojos, pero a su vez la frivolidad y ligereza con la que trata a las mujeres.

Y, como empieza a decir en la segunda parte del poema, no hay un solo modelo de mujer que pueda inspirar amor en él, y por lo tanto, si hay tantas mujeres, según él “hay más de cien razones para estar siempre enamorado”. Empieza hablando de su pasión por las mujeres vergonzosas y que se ruborizan con facilidad, y a la vez por las que, por el contrario, son atrevidas y provocativas. También menciona que le agradan tanto las mujeres cultas y experimentadas, como la sencillez de las inexpertas. Asi va redactando el poema, comparando sucesivamente puntos de vista y cualidades femeninas completamente opuestas. En los siguientes versos dice que le atraen tanto la que critica sus poemas como la que éstos agradan, tanto la dura como la delicada; la que toca un instrumento, la que canta o la que baila, realizando una metáfora con ésta última cualidad, e introduciendo a Hipólito y Príapo: Hipólito, símbolo de castidad, pasa a ser Príapo, dios de la fertilidad, explicando así su atracción sexual por la bailarina, y por todas a la vez, al decir “a él, que cualquier cosa altera”. Tras esta alución a los dioses, prosigue con su catalogación de las mujeres, explicando su deseo por la mujer alta y la menuda, por la acicalada y la que no lo está, por la rubia y la morena, la pálida y la de piel oscura, la joven y la madura.

El poema finaliza con una especie de “conclusión” mediante un epifonema, en la que resume que cualquier muchacha de Roma pudiera ser candidata para que él se enamorara, pues no hay ninguna que le desagrade. Ésta visión liberal y socarrona de Ovidio puede compararse con el modelo de hombre frívolo y machista del que se habla hoy en día, tratando a las mujeres como objetos de mera diversión, sin atender a motivos morales ni de educación, mostrando su admiración por todas. En la actualidad, este poema se puede comparar con cientos de canciones modernas que hablan de la atracción de un hombre por muchas mujeres.

La relación de Ovidio con las mujeres podría compararse quizás con la de los adolescentes de hoy en día, admirados por todo lo que les rodea, con ganas de experimentar y poca madurez para establecer un proyecto a largo plazo, enamorados de un número desorbitado e incontable de cosas.

Ovidio, Amores, I, 13. Suasoria a la Aurora.

14 mayo 2009

Ya llega sobre el Océano del lado de su anciano marido
la rubia que trae el día en carro cubierto de escarcha.

¿Hacia dónde te apresuras? ¡Detente! ¡Que a las sombras
de Memnón se tribute un ave cada año en solemne sacrificio!

Ahora agrada recostarse en los tiernos brazos de mi dueña:
ahora, más que nunca, está bien unida a mi costado.
Ahora además el sueño es pesado, el aire fresco
y el ave canta sonora con su agudo gorjeo.
¿Hacia dónde te apresuras, odiosa para hombres y mujeres?
¡Refrena con tu mano de rosa las riendas cubiertas de rocío!

Antes de tu salida sigue mejor las estrellas el marinero
y no se equivoca desorientado en alta mar ;
a tu llegada se levanta, cansado, el caminante
y el soldado ajusta sus manos a las crueles armas ;
ves las primera a los campesinos cargados con el azadón,
llamas la primera a los lentos bueyes bajo el yugo arqueado ;
tú privas a los niños del sueño y los entregas a los maestros,
para que sus tiernas manos se sometan a crueles palmetas,
y tú misma envías a gente elegante ante los Atrios al firmar
avales para sufrir grandes perjuicios por una sola palabra ;
tú no eres agradable ni para el jurista ni para el abogado:
los dos se ven obligados a levantarse para nuevos pleitos ;
tú, cuando podrían terminar los trabajos de las mujeres,
convocas sus manos hilanderas a los ovillos.

Todo lo soportaría, pero que las jóvenes se levanten
de mañana ¿ Quién lo haría si no el que no tiene ninguna joven?
¡Cuantas veces deseé que la Noche no quisiera ceder ante ti
y que las estrellas no se movieran para huir de tu rostro!
¡Cuántas veces deseé que el viento rompiera tu carro
o que tus caballos cayeran detenidos por espesa nube!
Envidiosa, ¿hacia dónde te apresuras? Porque tenías un hijo
negro, ése había sido el color del corazón de su madre.
(¿Y qué pasaría si en tiempos no hubiera ardido por amor
a Céfalo? ¿O cree que no se conoce su falta? )
Quisiera que Titonio pudiera hablar de ti:
no habría en el cielo chisme más vergonzoso.
Para huir de él, porque es mayor que una larga vida,
te levantas de mañana del lado del anciano hacia las odiosas
ruedas. Pero, si estuvieras abrazando con tus manos a Céfalo,
gritarías “ ¡Corred lentamente caballos de la Noche!”

¿Por qué yo, enamorado, voy a pagar que tu marido esté marchito
por los años? ¿ Acaso te casaste con un viejo por mi mediación?
Mira cuánto sueño a su amado joven concedió la Luna
y la belleza de ésta no va a la zaga que la tuya.
El mismo padre de los dioses, por no verte tan a menudo,
juntó dos noches para cumplir sus deseos.

Yo había terminado los reproches ; sabrías que había oído:
se sonrojaba, ¡pero el día no nació más tarde de lo acostumbrado!

Traducción de Antonio Ramírez de Verger

El tópico del alba, que consiste esencialmente en el canto de lamento de los amantes que se ven obligados a separarse al amanecer, aparece en todas las literaturas conocidas y en todas las épocas. Ovidio puede considerarse uno de los veteranos en utilizar este tema. Se expresan siempre con una voz quejumbrosa, que entremezcla dolor, desesperación, agonía, impotencia…, debida al temor por la llegada del alba, que le arrebatará el ahora feliz momento con su amada y su goce nocturno con ella.
La discusión suele darse entre el poeta y el amanecer, la amada simplemente se menciona (aparece de forma pasiva, como también lo hará más tarde en el renacimiento y el barroco)

Análisis:

El tema de los reproches a Aurora, de lo indeseable de su llegada, comienza con la petición de que el amanecer se retrase, con una referencia a un mito relacionado con Memnón, hijo de Eos, (diosa de la Aurora) que no cesó de llorar la muerte de su hijo (a quién mató Aquiles) en toda la noche.Así, se dice que sus lágrimas aún se pueden ver todas las mañanas de frío, en forma de rocío. Conmovido por el dolor de Eos, el mito cuenta que Zeus le concedió a Memnón la inmortalidad.

“¿Hacia dónde te apresuras? ¡Detente! ¡Que a las sombras
de Memnón se atribute un ave cada año en solemne sacrificio!”

En el verso cinco comienza a describir la situación con su amada, lo bien que se siente a su lado y refleja la pena que sentiría si la Aurora se llevara ese momento con ella, por lo que le pide que se detenga.
“¡Refrena con tu mano de rosa las riendas cubiertas de rocío!”

Más adelante, en el verso 11, se da paso a la actividad cotidiana por muchos escalones sociales: el marinero, el viajero, el soldado, el agricultor, el alumno en el colegio, los clientes, el jurista, el abogado y las mujeres; dejando claro que para todos es un inconveniente la llegada de la Aurora.
Tras esto, Ovidio vuelve a quejarse y lamentarse de la llegada del amanecer hasta el verso 31 aproximadamente, donde comienza a haber referencias al mundo divino de los dioses.
Enlazamos con un mito relacionado con uno de sus amantes, Céfalo, (hijo de Deyoneo) quien la abandonó tras una complicada relación amorosa en la que ella le había casi obligado a amarla y a dejar a su amor verdadero: Procris. También hay una posible confusión de que pueda ser Céfalo, hijo de Hermes. Aún así me ha parecido más apropiado el primero puesto que la historia se puede vincular mejor al poema.

“[¿ Y qué pasaría si en tiempos no hubiera ardido por amor
a Céfalo?¿O cree que no se conoce su falta?] “

Aquí enlazamos con los versos 35-46, en los que Ovidio sigue tratando el entorno íntimo de Aurora mediante exempla mitológicos hasta ya el final del poema. El verso 35 empieza:

“Quisiera que Titonio pudiera hablar de ti:
no habría en el cielo chisme más vergonzos

Para huir de él, porque es mayor que una larga vida,
Te levantas de mañana del lado del anciano hacia las odiosas
ruedas. Pero, si estuvieras abrazando con tus manos a Céfalo,
gritarías “¡Corred lentamente, caballos de la Noche!

¿Por qué yo, enamorado, voy a pagar que tu marido esté marchito
por los años? ¿ Acaso te casaste con un viejo por mi mediación?”

La curisoa historia de Titonio, su esposo, nos habla de cuando Eos se enamoró perdidamente de él, pidió a Zeus que le concediera la inmortalidad a su amado, cosa que el padre de los dioses concedió. Pero, desgraciadamente a la diosa se lo olvidó pedir ademas de la inmortalidad ¡la eterna juventud!, de modo que Titono fue envejeciendo y haciéndose cada vez más pequeño y arrugado, hasta que se convirtió en cigarra.

Por ello, él ya no es merecedor del amor de Eos y ésta se levanta rápidamente de su lado todas las mañanas, cosa que no haría si fuera su amado por siempre Céfalo, el joven y robusto muchacho.La Aurora envidia totalmente a los enamorados, y paga su error con ellos haciendo que la noche no se haga eterna. Por supuesto, Ovidio se queja de pagar fallos ajenos, ¿Acaso tiene él la culpa de que Eos se castigara a ella misma?

Desgraciadamente, el final del poema termina con un final muy esperado. Eos se sonroja, por lo tanto, “¡El día no nació más tarde de lo acostumbrado!”

Opinión personal:

Especialmente este poema me ha parecido que se balancea entre el ataque y la plegaria. Me gusta intentar ponerme en la situación del escritor como amada o amante, y leer el poema cada vez con una especie de tensión e impotencia sabiendo que por mucha desesperación que intente el autor impregnar en sus palabras de persuasión, el día comenzará y dará fin a la felicidad que le produce a la pareja estar juntos viendo pasar la noche ,olvidándose de todo, dejándo fluir su amor.

Ovidio, sin saberlo, también nos hace partícipes de la plegaria, sabiendo lo que la Aurora le está haciendo ¿Cómo no iba a estar yo también en contra de Eos?. Puedo incluso imaginame que al mismo tiempo muchas más parejas están pidiendo lo mismo, es una súplica conjunta y mundial hacia Ella.

Siempre nos hacen ver la noche como lo siniestro, lo oscuro, lo desconocido ¿Pero por qué no también lo asociamos a la tranquilidad, a la intimidad, al lentísimo paso del tiempo, o al siempre acotado erotismo? Eso es lo que Ovidio quiere que veamos en su obra, que le acompañemos y que por supuesto, le apoyemos en su objetivo imposible.

“Ya besando unas manos cristalinas” Luis de Góngora.

Ya besando unas manos cristalinas,
ya anudándome a un blanco y liso cuello,
ya esparciendo por él aquel cabello
que Amor sacó entre el oro de sus minas,
ya quebrando en aquellas perlas finas
palabras dulces mil sin merecello,
ya cogiendo de cada labio bello
purpúreas rosas sin temor de espinas,
estaba, oh claro sol invidïoso,
cuando tu luz, hiriéndome los ojos,
mató mi gloria y acabó mi suerte.
Si el cielo ya no es menos poderoso,
porque no den los tuyos más enojos,
rayos, como a tu hijo, te den muerte.

Góngora, un importante autor del Barroco, también utilizó un enfrentamiento entre el amante y el amanecer (en este caso, más concretamente, el sol) que es el que acaba con el momento de felicidad entre los enamorados.
Otra vez, como Ovidio, se deja a la amada en 3º persona, sólo se nombra, pero también se describe la situación antes del amanecer, y se insulta al sol deseándole incluso la muerte.
Es muy curioso, además, que cuando el poema termina se hace referencia al hijo del sol, al igual que lo hace Ovidio con Memnón.

Por supuesto, este tema actualmente no ha quedado en el olvido, se trata de algo universal y aún totalmente actual diría yo, simplemente cada época o autor lo desarrolla de una forma diferente y personal.
Incluso en diferentes idiomas, encontramos clarísimos ejemplos de distintas “Suasorias a la Aurora”, Roger Whittaker es un gran y perfecto ejemplo de ello con su canción “Morning please don’t come“, “Amanecer, por favor, no vengas”

La letra traducida dice así:

Amanecer por favor, no vengas
Seguro que ves que mi amada está durmiendo
Amanecer por favor, no vengas
Deja que la noche tarde
Cuando las estrellas han abandonado el cielo
Debemos decirnos un cariñoso adiós.

Haz que la noche se mantenga encendida
Amanecer, por favor, no vengas
las estrellas brillan ahora con más fuerza
Amanecer por favor no vengas
El día no empezará para que me quites
A mi amada
Intenta atrasar al sol
Te lo suplico, amanecer, no vengas.

Canta, dulce ruiseñor
Cántame una canción sobre una interminable noche
Canta, dulce ruiseñor
Yo intentaré fingir
Que mañana no está cerca
Y que no hay nada por lo que temer.

También se han enfocado desde otros puntos de vista. ¿Por qué no pedirle en vez de a la Aurora, a un reloj que detenga el tiempo para que nunca amanezca?
Eso es exactamente lo que hicieron Los Panchos, un grupo de música latino popular de los 90 que solía escuchar cuando tenía unos 5 ó 6 años.

La letra dice así:
Reloj no marques las horas
Porque voy a enloquecer
Ella se irá para siempre
Cuando amanezca otra vez.

Nomás nos queda esta noche
Para vivir nuestro amor
Y tu tic-tac me recuerda
Mi irremediable dolor.

Reloj detén tu camino
Porque mi vida se apaga
Ella es la estrella
Que alumbra mi ser
Yo sin su amor no soy nada.

Detén el tiempo en tus manos
Haz esta noche perpetua
Para que nunca se vaya de mí
Para que nunca amanezca.

Reloj detén tu camino
Porque mi vida se apaga
Ella es la estrella
Que alumbra mi ser
Yo sin su amor no soy nada.

Detén el tiempo en tus manos
Haz esta noche perpetua
Para que nunca se vaya de mí
Para que nunca amanezca

Y ahora, ¿Por qué no? También lo encontramos en Grecia. Este es un fragmento de la Odisea de Homero. En este fragmento Odiseo sí es el que maneja la entrada y salida del sol.

“No bien le pareció que Odiseo ya se habría recreado en su ánimo con su mujer y con el sueño, hizo que saliese del Océano la hija de la mañana, la de áureo trono, para que les trajera la luz a los humanos. Entonces se levantó Odiseo del blando lecho y dirigió a su esposa las siguientes palabras”.

El amor interminable, infinito…, el amor más puro, se dio forma en la historia de Romeo y Julieta, escrita por William Shakespeare. Nos habla de una relación imposible entre dos jóvenes debido a la rivalidad de sus respectivas familias.

La escena V de esta gran tragedia también nos habla del dolor que sienten los enamorados con la llegada del amanecer y por consiguiente de su inevitable separación. Julieta escucha a los pájaros cantar, y está segura de que son ruiseñores, por lo que no entiende la marcha de su amado.

Por otro lado, Romeo no duda de que son alondras, lo que quiere decir que el alba está cerca y es hora de abandonar el lecho.

ESCENA V

(ROMEO y JULIETA)

JULIETA.- ¿Tan pronto te vas? Aún tarda el día. Es el canto del ruiseñor, no el de la alondra el que resuena. Todas las noches se posa a cantar en aquel granado. Es el ruiseñor, amado mío.

ROMEO.- Es la alondra que anuncia el alba; no es el ruiseñor. Mira, amada mía, cómo se van tiñendo las nubes del oriente con los colores de la aurora. Ya se apagan las antorchas de la noche. Ya se adelanta el día con rápido paso sobre las húmedas cimas de los montes. Tengo que partir. O si no. Aquí me espera la muerte.

JULIETA.- No es ésa luz de la aurora. Te lo aseguro. Es un meteoro que desprende de su lumbre el Sol para guiarte en el camino de Mantua. Quédate.

¿Por qué te vas tan luego?

ROMEO.- ¡Que me prendan, que me maten! Mandándolo tú, poco importa.

Diré que aquella luz gris que allí veo no es la de la mañana, sino el pálido

reflejo de la luna. Diré que no es el canto de la alondra el que resuena. Más quiero quedarme que partir. Ven, muerte, pues Julieta lo quiere. Amor mío, hablemos, que aún no amanece.

JULIETA.- Sí, vete, que es la alondra la que canta con voz áspera y destemplada. ¡Y dicen que son armoniosos sus sones, cuando a nosotros viene a separarnos! Dicen que cambia de ojos como el sapo. ¡Ojalá cambiara de voz!

Maldita ella que me aparta de tus atractivos. Vete, que cada vez se clarea más la luz.

RomeoJulieta

Ovidio, Amores, III, 8. “Contra los nuevos ricos y el dinero”

10 mayo 2009

poema 3,8 contra los nuevos ricos y el dinero

Desde el  comienzo del poema,  Ovidio ya empieza lanzando una crítica a su sociedad actual,  la cual no aprecia los sentimientos, la ternura o las artes de las personas, cosa que en tiempos anteriores era muy valorado. En esa crítica hacia la sociedad podemos encontrar un claro paralelismo con autores posteriores como serían por ejemplo Góngora  en cuyos libros criticaba a su sociedad, o Quevedo que también haría lo propio en la obra titulada los Sueños y la hora de todos.

Ovidio también nos dice que no es bien recibido en la casa de la amada debido a su falta de dinero y posesiones, cosa que si tenía el nuevo amante de su amada, que era un soldado mercenario.
Más tarde, Ovidio se hace algunas preguntas en las que se cuestiona cómo su amada, dulce y delicada,  es capaz de abrazar a ese hombre sanguinario, capaz de matar a otras personas.
A continuación Ovidio alaba a Febo dios de la poesía y a sus 9 musas que lo acompañan. Y también alude a Homero príncipe de los poetas diciendo que no se ganaría una noche de amor con la doncella por sus dotes, si no consiguiera hacerse rico como soldado mercenario.
También dice que Júpiter comentó que no había nada más poderoso que el oro. Que aquel soldado mercenario había pagado y comprado el amor por su amada ya que antes de que hubiese dinero de por medio, el padre era inflexible y ella era severa, pero en el momento en el que apareció el dinero,  ella misma se levantó la falda.
En esta parte de la poesía podemos encontrar una relación clarísima con la película titulada “una proposición indecente” en la cual una pareja debería separarse durante un tiempo de manera que la mujer se fuese con otro hombre para mantener relaciones sexuales, todo ello por una cuantiosa cantidad de dinero.
Más adelante también observamos cómo Ovidio vuelve a hacer una crítica, pero esta vez la hace hacia los cargos políticos y judiciales que se consideraban honores en la antigua Roma y por ello no eran pagados, pero que ahora se conseguían a base de dinero.
Aquí podemos encontrar otro referente mucho menos claro pero en el que también se crítica a los políticos

Para ir finalizando Ovidio dice que aquel que sea capaz de llevar una vida para su amada llena de placeres y de regalos podrá mandar sobre ella como si se tratara de una esclava.

Y por último Ovidio dice que si él tuviese dinero y se lo entregase a ellos dos, ambos le entregarían hasta la casa entera (volvemos a tener el referente de la película “una proposición indecente”)

Para concluir mi comentario haré hincapié sobre algunos referentes más, como por ejemplo el que hace un grupo actual llamado “Fito y los fitipaldis” que en una de sus canciones (soldadito marinero) alude a que la amada solo le quería por el dinero. Diciendo en la frase “soldadito marinero conociste a una sirena, de esas que dicen “te quiero “si ven la cartera llena”…

Otro referente lo podemos encontrar en la película de” María de la O” protagonizada por Lola Flores, en la que también se nos da una visión de que el amor se puede comprar. Frases  que lo atestiguan son “si quieres que te quiera, dame doblones con monedas que roban los corazones”

… O mismamente en la canción de María de la O en la que se dice “maldito parné que por tu culpita dejé yo al gitano que fue mi querer”

En mi opinión, las personas no hemos cambiado tanto desde la época de Ovidio (43 a.C.-c. 17 d.C.), ya que por ejemplo en 1993 se hizo una película con un hilo conductor bastante parecido al que se propone en el poema de Ovidio,  y es que siempre se ha dicho que hay gente para todo, incluso para vender su amor por dinero

Comentario 1,8 Amores, Ovidio.

7 mayo 2009
View this document on Scribd

Nada más comenzar el poema, Ovidio, mediante un apóstrofe, hace una llamada de atención al lector, animándolo a leer lo que él escribe. Igualmente, empieza ya por describir la personalidad de la protagonista de su poema, una mujer alcahueta que pasa las noches borracha.

Es en esta primera estrofa que el poeta describe la dedicación de la mujer, la cual parece conocer todo lo concerniente a la brujería, las hierbas y la magia en general. Así, podemos encontrarla identificada con la alcahueta renacentista de Fernando de Rojas.

En los primeros tres versos de la segunda estrofa, Ovidio, hace referencia a la imagen de las brujas que se tenía en su tiempo. Una imagen no muy distante de la actual: volar de noche y recubrirse de plumas.

Asimismo, el poeta, forma parte de la trama de la poesía, siendo él mismo uno de sus personajes. En el verso vigésimo, habla de la elocuencia en el hablar de la vieja, si bien a él tampoco le falta, pero podríamos entender que lo que quiere decir es que la elocuencia de la vieja provoca que todos crean lo que ella les cuenta, sin atender a su condición de bruja. Así pues, a partir de la tercera estrofa comienza aquello que la bruja le dice a la que podríamos considerar su pupila:

Aquí, Dipsas, la vieja, hace gala de su codicia al mencionar el hecho de la riqueza que puede hacerse en el caso de que la chica se enriquezca.

Es en la siguiente estrofa en la que la vieja alude al cambio de mes, la salida de Marte y la llegada de Venus, con un aparente conocimiento astrológico. Esto es algo que podemos ver claramente reflejado en los oráculos actuales, en los que te previenen sobre la importancia de los planetas y las estrellas. En este caso, la llegada de Venus, como diosa del Amor, trae según Dipsis un amante rico a la joven.

Cuando la vieja exclama “¡Es un rubor! Cierta vergüenza en una cara blanca queda bien” deja patente la belleza de la joven por el color de su clara tez, de acuerdo con los cánones de belleza de la época (siglo I a.C.-I d.C.) De igual modo será este el canon de la belleza del Renacimiento y Barroco, tal y como reflejan autores como Luis de Góngora:

“Mientras por menosprecio en medio el llano

Mira tu blanca frente el lilio bello …”

No es hasta muchos años después, que Coco Chanel, joven diseñadora francesa, introduce el gusto por el bronceado tan de moda actualmente.

Volviendo al poema, parece importante explicar a qué se refiere Ovidio al nombrar a las sabinas y decir que es Venus quien reina en la ciudad de su querido Eneas (querido, porque se dice que Eneas desciende de dicha diosa). Las sabinas, eran el prototipo de rudeza y castidad, y Tacio, también nombrado, fue un rey sabino. De este modo, lo que Ovidio quiere decir es que Marte está en el exterior, porque es allí donde se practica la guerra, mientras que es Venus quien reina en la urbe (el amor).

Más adelante, la alcahueta, pone el ejemplo de Penélope, ejemplo de castidad y fidelidad en el matrimonio de la mitología clásica. Sin embargo al hacer referencia al arco que usaba para probar a sus pretendientes, la alcahueta da a entender que el fin de Penélope no era evitar casarse con uno de los pretendientes por su incapacidad para tomar el arco, sino muy al contrario, comprobar su virilidad.

A continuación, Ovidio va a exponer el tema del Carpe Diem, retomado posteriormente por autores como Góngora o Quevedo, o, ya en la actualidad, por Manuel Vincent en su obra “León de ojos verdes”:

“En efecto, era muy bella la juventud, que sin embargo se va, quien quiera ser feliz, sepa que del mañana no hay certeza”.

A continuación, la vieja continúa hablando a la joven sobre el dinero que ésta podría ganar. Llega incluso a hablar acerca de los libertos, aconsejándola no dejarse llevar por su baja clase social, si poseen riquezas. Frente a esta recomendación, nos encontramos con tres tipos de amantes pobres a los que Dipsas replica contundentemente: El poeta (“Dime ese poeta tuyo / A no ser nuevos versos ¿Qué te da?”) , el noble (“No te embarquen tampoco las esfinges / de sus ancestros puestas por el atrio”), y el guapo (“¿Cómo? ¿Por qué sea guapo / va a pedir una noche sin pagarla?”)


Más adelante Dipsas continúa con sus útiles consejos, nombrando en cierto punto el tópico “parakalusithyron”: “Qué tu puerta sea sorda al que te ruega”.

Igualmente, la vieja recomienda a su discípula hacer teatro, y complacer al hombre de forma que no resulte difícil sacarle dinero: con amor disimulado, y lágrimas falsas dependiendo del caso.

Casi al final del poema, Dipsas habla de la necesidad de los celos y los rivales que hacen que el amor sea duradero, tema al que el propio Ovidio hace mención en muchos de sus poemas. Entre ellos, dedica uno de su obra Ars Amandi (Arte de amar) a este tema. El poema es el 2, 18, y se titula Con la infidelidad vuelve el amor.

Ya al final, Ovidio vuelve a aparecer en su propia obra, mostrando su odio a la vieja bruja, en forma de pensamientos violentos. Sin embargo no es hasta la última imprecación que el autor no le desea lo más cruel: debido a su condición de borrachina, una sed eterna privada de vino.

Desde la primera vez que lei el poema, el personaje de Dipsas me recordó al de la Celestina renacentista. Esto se debe a sus descripciones, tan similares:

Celestina: “llamándome hechicera, alcahueta, vieja falsa, barbuda, malhechora”.

Además, cabe destacar que el propio autor (Fernando de Rojas) pone al poeta latino en boca de uno de sus personajes:

Sempronio: “¡Oh, hideputa y qué trovador! El gran antipater Sidonio, el gran poeta Ovidio, los cuales de improviso se les venían las razones metrificadas a la boca, ¡Sí, sí, de esos es”.

Por último, este poema corresponde al motivo literario de praeceptor poeta, o poeta maestro. En el poema a comentar, el papel de “maestra” está en boca de la alcahueta, al igual que en Celestina, aunque el decenlace en ambos personajes sea diferente. En este poema, Ovidio tan sólo hace una imprecación a la alcahueta, mientras que en la Celestina, la fatal muerte de ésta culmina la trayectoria del personaje . Trágica, pero a la vez dinámica. En cambio el tono de ambas obras es totalmente diferente. Ovidio, tal y como hace a lo largo de toda su obra, describe tanto la conversación como sus sentimientos al respecto con un humor y una frivolidad características. En cambio Fernando de Rojas utiliza un tono mucho más profundo y ceremomioso.

Portada de La Celestina, fernando de Rojas.

Portada de La Celestina, Fernando de Rojas.

Portada de Amores, Ovidio. Ed. Alianza.