Archivo del autor

¡Mejor, el fruto prohibido! OVIDIO

19 diciembre 2009
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Adán y Eva, Tiziano

Clara Vázquez

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Súplica de Príamo. Homero, Ilíada XXIV.

9 noviembre 2009

Príamo suplicando a Aquiles, Ivanov

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Clara Vázquez

Ovidio, Amores, II, 4 ¡Me gustan todas!

24 mayo 2009

Poema 4, libro IICupido4b

No me atrevería yo a defender mis defectuosas costumbres

ni a mover armas en defensa de mis vicios.

Lo admito, si de algo sirve reconocer las faltas:

ahora, tras reconocerlas, vuelvo insensato a mis delitos.

Odio, pero no puedo en mis deseos no ser lo que odio:

¡ay, qué duro es soportar lo que deseas quitarte de encima!

No tengo, en efecto, fuerzas ni ley para regirme a mí mismo:

soy llevado como popa arrastrada por rauda corriente.

No es una belleza concreta la que pueda excitar mi amor:

existen cien razones para estar yo siempre enamorado.

Si una bajó sus ojos ruborosos a la tierra,

me abraso y ese pudor es para mí una emboscada;

si otra es provocativa, cautivo quedo porque no es sosa

y me da esperanzas de menearse bien en mullido lecho.

Si pareces huraña y émula de las sabinas puritanas,

pienso que quieres, pero que en el fondo estás disimulando;

si eres culta, me agradas dotada de esas extraordinarias

cualidades; si inexperta, me agradas por tu sencillez.

Está la que dice que los versos de Calímaco son rústicos al lado

de los míos: a la que agrado, al instante ésa me agrada;

está también la que me critica a mí, poeta, y mis versos:

desearía tener debajo los muslos de la detractora.

Camina delicadamente: cautiva con su meneo; otra es dura:

pero podrá ser más delicada al contacto con un hombre.

A ésta porque canta dulcemente y modula con gran soltura

la voz, quisiera darle besos robados mientras canta;

ésta recorre las quejumbrosas cuerdas con el hábil pulgar:

¿quién no se enamoraría de manos tan sabias?

Aquélla agrada con sus gestos, mueve rítmicamente los brazos

y contornea su delicada cintura con sensual destreza:

por no hablar de mí, a quien cualquier cosa altera,

¡pon allí a Hipólito y será Príapo!

Tú, porque eres tan alta, igualas a las antiguas heroínas

y puedes ocupar tendida toda la cama;

otra es manejable por su pequeñez; las dos me pierden:

la grande y la chica se avienen a mis deseos.

No está arreglada: me imagino lo que ganaría arreglándose;

está acicalada: ella misma exhibe sus propios encantos.

La mujer blanca me cautivará, me cautivará la rubia:

también es agradable Venus el color oscuro.

Si cuelgan oscuros cabellos de un cuello de nieve…,

Leda era el centro de las miradas por su negra cabellera;

si amarillean…, agradó Aurora por su cabello azafranado:

mi amor se acomoda a todas las leyendas.

La joven me atrae, me seduce la madura:

aquélla es superior por su físico, ésta es la que sale.

En fin, a las jóvenes que cualquiera aprueba por toda Roma,

de todas ellas mi amor es candidato.

Ovidio amaba el amor y la vida. Ese afán por disfrutar de las mujeres y lo que éstas pudieran darle se refleja en la mayoría de sus poemas, y éste es un ejemplo. En su libro “Amores”, diversas mujeres pasan a ser protagonistas de sus versos, a pesar de la repetición del nombre de Corina en numerosas ocasiones. Ovidio se caracterizaba por ser el modelo de hombre mujeriego y enamoradizo, con diversas dificultades para poder permanecer enamorado de una única persona. No era tan romántico como autores clásicos anteriores. Como dice el mísmo título del poema, le gustan todas, mujeres de todo tipo le enamoran.

Por lo tanto, el tema principal del poema 4 del libro Segundo es, en efecto, su gusto diverso y amplio por mujeres de distintas clases, física o psicológicamente. Es fundamentalmente una enumeración descriptiva de todas las mujeres que le agradaban, clasificándolas según sus caracteres físicos, sus habilidades, sus formas de ser y sus conocimientos, sin descartar a ninguna ni añadir ninguna excepción. Y ante todo, reflejándose a sí mismo y su propia personalidad enamoradiza y vividora en cada uno de los versos.

En la primera estrofa habla de sí mismo, y de sus vicios y pasiones, las cuales odia, seguramente por ser moralmente incorrectas para la época o quizás contrarias a sus propios ideales, pero que a la vez desea. Por lo tanto, desprecia lo que a la vez le agrada, y no puede evitarlo. Quiere quitarse de encima esas costumbres que él considera deplorables, pero sigue cometiendo esos llamados “delitos” al dejarse llevar por “la rauda corriente”, es decir, lo que en el lenguaje romántico de nuestros tiempos se diría “seguir al corazón en lugar de a la razón”. Ovidio aprueba el camino que él considera “mejor”, que sería quizás ser hombre de una sola mujer; pero aun así sigue por el contrario, dejarse llevar por las pasiones amorosas sin control.

En esta primera estrofa se puede ver, entonces, la debilidad humana del autor ante tantos modelos de mujer que agradan a sus ojos, pero a su vez la frivolidad y ligereza con la que trata a las mujeres.

Y, como empieza a decir en la segunda parte del poema, no hay un solo modelo de mujer que pueda inspirar amor en él, y por lo tanto, si hay tantas mujeres, según él “hay más de cien razones para estar siempre enamorado”. Empieza hablando de su pasión por las mujeres vergonzosas y que se ruborizan con facilidad, y a la vez por las que, por el contrario, son atrevidas y provocativas. También menciona que le agradan tanto las mujeres cultas y experimentadas, como la sencillez de las inexpertas. Asi va redactando el poema, comparando sucesivamente puntos de vista y cualidades femeninas completamente opuestas. En los siguientes versos dice que le atraen tanto la que critica sus poemas como la que éstos agradan, tanto la dura como la delicada; la que toca un instrumento, la que canta o la que baila, realizando una metáfora con ésta última cualidad, e introduciendo a Hipólito y Príapo: Hipólito, símbolo de castidad, pasa a ser Príapo, dios de la fertilidad, explicando así su atracción sexual por la bailarina, y por todas a la vez, al decir “a él, que cualquier cosa altera”. Tras esta alución a los dioses, prosigue con su catalogación de las mujeres, explicando su deseo por la mujer alta y la menuda, por la acicalada y la que no lo está, por la rubia y la morena, la pálida y la de piel oscura, la joven y la madura.

El poema finaliza con una especie de “conclusión” mediante un epifonema, en la que resume que cualquier muchacha de Roma pudiera ser candidata para que él se enamorara, pues no hay ninguna que le desagrade. Ésta visión liberal y socarrona de Ovidio puede compararse con el modelo de hombre frívolo y machista del que se habla hoy en día, tratando a las mujeres como objetos de mera diversión, sin atender a motivos morales ni de educación, mostrando su admiración por todas. En la actualidad, este poema se puede comparar con cientos de canciones modernas que hablan de la atracción de un hombre por muchas mujeres.

La relación de Ovidio con las mujeres podría compararse quizás con la de los adolescentes de hoy en día, admirados por todo lo que les rodea, con ganas de experimentar y poca madurez para establecer un proyecto a largo plazo, enamorados de un número desorbitado e incontable de cosas.

LA TIRANÍA EN GRECIA

21 marzo 2009

Grecia tiene muchos aspectos de los que hablar, pero lo voy a hacer de la tiranía, pues es un sistema político que abundó mucho en la época Arcaica de esta cultura, antes de la llegada de la revolución democrática, y que marcó mucho la política de Grecia.

A pesar de las numerosas connotaciones negativas que se le atribuyen a este término, asemejándolo a una dictadura, los habitantes de Grecia no lo veían realmente así. Era un hecho que ese sistema era una dictadura, pues era un régimen de poder absoluto e instaurado por el propio tirano, que ocupaba el poder por la fuerza y sin pedir permiso a nadie, con un golpe de estado o cualquier otro movimiento, pero los griegos empezaron por considerarlo un sistema cómodo y los tiranos eran bastante populares y queridos. Además, era una forma de luchar contra los abusos de la alta aristocracia y los sacerdotes, que adquirían el poder por nacimiento.

Actualmente, esto se ve como un uso abusivo y excesivo del poder, pero entonces los griegos lo veían de otra manera. Los tiranos solían hacer de las ciudades lugares más agradables e impartían el poder con sabiduría, y por ello los griegos estaban de acuerdo con su poder y contentos con su presencia, al menos en su mayoría. Pero poco a poco las tiranías se hicieron muy frecuentes entre políticos autoritaristas que querían hacerse con el poder de una forma injusta y sin reglas, y por ello este término comenzó a verse con negatividad.

Hablando de la tiranía positiva que se establecía como un sistema muy popular entre los griegos, hay que destacar a ciertos tiranos importantes, y especialmente a Pisístrato, cuya popularidad fue bastante grande y era querido por todos los habitantes de Atenas, la ciudad donde legislaba e impartía el poder. Pisístrato luchó por los derechos de la clase baja y ,ante todo, por su bienestar. Por ello, llevó a cabo reformas a su favor y gobernó con benevolencia para ganarse el trato de sus súbditos. Por ello, decoró la ciudad con bellos templos, construyó acueductos y mercados, facilitó el comercio y la industria, ayudó a los más desfavorecidos e incrementó la cultura en su ciudad mandando  escribir obras como las de Homero y diversas tragedias. Aumentó mucho su poder en Atenas y en el resto de Grecia, y murió dejando la tiranía en manos de sus dos hijos, Hipias e Hiparco, que cambiarían para siempre el sentido del término para convertir el gobierno en una tiranía autoritaria y dictatorial. El verdadero poder lo llevaba Hipias, pero tras el asesinato de su hermano Hiparco, se convirtió en un régimen de terror y desconfianza hacia las gentes de Grecia, lo que terminó con las connotaciones positivas de tiranía que había impartido Pisístrato. Ésto se puede comparar más facilmente con las dictaduras que han ido pasando por la historia en los últimos tiempos, regímenes políticos impuestos por una persona que se asignaba a sí mismo todo el poder. Un ejemplo es la dictadura fascista de Franco en España, en la que adquiría el poder con un golpe de Estado, pero también otros como Hitler, que fue elegido por el pueblo, u otros que veían el poder de una sola persona autoritariamente como algo positivo y enriquecedor para el pueblo, al igual que Pisístrato, como Stalin, Marx, y diversos comunistas.

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Escultura de Pisístrato.

Grabado del ejército de Pisístrato en una cerámica griega.

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REFERENTES DE LA ODISEA

15 febrero 2009

Odiseo y las Sirenas, Waterhouse

Odiseo y las Sirenas, Waterhouse

Centrándonos en la Odisea de Homero existen cientos de referentes a los que acudir a la hora de comparar la literatura clásica y la cultura antigua con la que tenemos actualmente, y que nos encontramos día a día sin darnos por aludidos, e ignorando su origen o su significado. En La Odisea, como se conoce mundialmente, se habla del largo viaje que hace Odiseo para regresar a Ítaca, donde le esperan su esposa y su hijo Telémaco; un trayecto con numerosas complicaciones, retos y grandes obstáculos.

Esta trama central se puede comparar con los grandes viajes de la humanidad a lo largo de la historia, viajes a lo desconocido y realizados por hombres intrépidos, como Marco Polo, Cristóbal Colón o David Livingstone. O, por ejemplo, con los recientes viajes al espacio, tras el desarrollo de modernas tecnologías que quedan lejos de lo que nos relataba Homero.

En la ficción encontramos referentes a esto en la industria del cine, como en la película “2001: Una Odisea en el Espacio”, basada en la novela de Arthur C. Clarke, que se presenta como una historia paralela a las desventuras que padeció Odiseo para llegar a su hogar, pero en un ámbito increíblemente más moderno, lo que hace ver que la estructura del mundo la seguimos viendo con los mismos ojos, y nos siguen agradando el mismo tipo de relatos, con aventuras, conflictos y asimismo ingenios que hacen salir de ellos. Ésta película consiste en la búsqueda de un monolito en el espacio, que conlleva un complicado viaje por el Sistema Solar con diversos obstáculos. El título hace referencia a la novela de Homero, claro está.



Otro referente importante es “Ulysses”, la novela del escritor irlandés James Joyce publicada en 1922, cuyo título proviene también de la obra original de Homero. Dicen que existe todo un ecosistema de paralelismo entre ambas, principalmente la correlación entre Odiseo y Leopold Bloom, el protagonista.

Portada de Ulysses

Portada de Ulysses

Finalmente, un referente curioso que ha ido modificándose enormemente a lo largo de la historia son los animales y monstruos mitológicos que aparecen en “La Odisea” con regularidad. En especial, las sirenas.

Según Homero, las sirenas con las que Odiseo acaba encontrándose, son seres fabulosos, originarios de la mitología griega, a las que se las representan como aves con rostro o torso femenino, y las cuales se distinguen por poseer una voz prodigiosamente atractiva. En “La Odisea” Ulises prepara a su tripulación para evitar la música de las sirenas tapándoles los oídos con cera pero, deseoso de escucharlas él mismo, se hace atar al mástil para no poder arrojarse a las aguas al oír su música.

Concepción de Sirena Clásica

Concepción de Sirena Clásica


Concepción de Sirena Actual

Concepción de Sirena Actual

«”Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan éstas con su sonoro canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca. Haz pasar de largo a la nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil -que sujeten a éste las amarras-, para que escuches complacido, la voz de las dos Sirenas; y si suplicas a tus compañeros o los ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas”>>



Más adelante, existen cientos de relatos de navegantes o piratas que se encuentran con ellas y sufren sus cánticos, cuando aparecen como seres malvados, o disfrutan simplemente de su presencia; pero bien es cierto que estos seres siempre han tenido una especie de presencia maligna, unida a su temeraria y bella voz. En algunos casos se las presenta como mujeres bellas, y en otros como seres monstruosos. Pero, en la mayoría de los casos simbolizan los términos de peligro y belleza, lo que se refleja en la concepción de las sirenas que tanto intrigaron a Sigmund Freud: las mujeres histéricas de Freud también son sirenas, “mujeres que seducen pero que más tarde son inalcanzables”.

Un ejemplo de la idea de sirena que se tiene hoy en día, es el libro infantil de James Matthew Barrie, “Peter Pan”, transformado en película después. El protagonista se encuentra con unas sirenas de extrema belleza, con el aspecto de una mujer con cola de pez.


No debéis creer por esto que las sirenas tenían buena relación con los niños: por el contrario, uno de los pesares más duraderos de Wendy era que en todo el tiempo que estuvo en la isla jamás logró que alguna de ellas le dirigiera ni una sola palabra cortés. Cuando se acercaba sigilosamente hasta la orilla de la laguna podía llegar a verlas a montones, especialmente en la Roca de los Abandonados, donde les encantaba tomar el sol, peinándose con gestos lánguidos que la fastidiaban mucho; o incluso llegaba a nadar, de puntillas como si dijéramos, hasta ponerse a una yarda de ellas, pero entonces la veían y se zambullían, probablemente salpicándola con la cola, no por accidente, sino con toda intención. El momento más hechizador para verlas es cuando cambia la luna; entonces sueltan unos extraños gritos lastimeros, pero la laguna es peligrosa en esas circunstancias para los mortales”



La conclusión de éstas comparaciones y referentes actuales de la conocida novela de Homero es que tanto la literatura como la cultura de hoy en día sigue con los moldes clásicos de siempre.

SIGNA TECTA

27 enero 2009

SIGNA TECTA

catulo

Los temas de la poesía de Catulo son diversos, y en ellos se distinguen varios de los tópicos literarios clásicos, los elementos ocultos del poema (Signa Tecta). Gran parte de las poesías de Catulo giran en torno a su gran pasión: Lesbia, a la que dedica muchos de ellos, directa o indirectamente, tanto demostrándole su amor, como increpándola tras su ruptura. Aparte de estas poesías, también existe otra variedad de temas: Piezas ligeras, invectivas personales y políticas, narraciones mitológicas o epigramas picantes.


Se puede ver en sus poemas el clásico tópico literario Carpe Diem -vivir la vida y disfrutar de ella- con facilidad, unido a su eterno amigo Tempus Fugit -la fugacidad del tiempo y de la vida- y un claro ejemplo es el poema Besos para Catulo:

“Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,

Y las habladurías de los viejos puritanos

Nos importen todas un bledo.

Los soles pueden salir y ponerse;

Nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,

Tendremos que dormir una noche sin fin.

Dame mil besos, después cien,

Luego otros mil, luego otros cien,

Después hasta dos mil, después otra vez cien;

Luego, cuando lleguemos a muchos miles,

Perderemos la cuenta para ignorarla

Y para que ningún malvado pueda dañarnos,

Cuando se entere del total de nuestros besos”

Cuando su relación con Lesbia finaliza, se refleja en sus poemas con facilidad, pues pasa a reprochar en ellos todos los defectos de su amada y a determinar su propia renuncia a su amor. Éste tópico es Renuntiatio Amoris, y se refleja en varios poemas, pero sobre todo en Renuncia de Amor:

“Desgraciado Catulo, deja de hacer tonterías,

Y lo que ves perdido, dalo por perdido.

Brillaron una vez para ti soles luminosos,

Cuando ibas a donde te llevaba tu amada,

Querida por ti como no lo será ninguna.

Entonces se sucedían escenas divertidas,

Que tú buscabas y tu amada no rehusaba.

Brillaron de verdad para ti soles luminosos.

Ahora ella ya no quiere; tú, no seas débil, tampoco,

Ni sigas sus pasos ni vivas desgraciado,

Sino endurece tu corazón y mantente firme.

¡Adiós, amor! Ya Catulo se mantiene firme:

Ya no te cortejará ni te buscará contra tu voluntad.

Pero tú lo sentirás, cuando nadie te corteje.

¡Malvada, ay de ti! ¡Qué vida te espera!

¿Quién se te acercará ahora? ¿Quién te verá hermosa?

¿De quién te enamorarás? ¿De quién se dirá que eres?

¿A quién besarás? ¿Los labios de quién morderás?

Pero tú, Catulo, resuelto, mantente firme”

Catulo hacía ver varias veces a lo largo de sus poemas el tópico Foedus Amoris –Juramento de amor- pues repetidamente le juraba su amor a Lesbia y hablaba de un pacto de amor que supuestamente habían establecido. Un ejemplo es Juramento de amor:

“Mi amada dice que no preferiría para casarse a otro hombre

Que no fuera yo, ni aunque lo solicitara el mismo Júpiter.

Lo dice, pero lo que una mujer dice a un amante apasionado

Hay que escribirlo en el viento y en el agua corriente”

O también, El amor de Catulo:

“Ninguna mujer puede decir que ha sido tan sinceramente

Querida como Lesbia lo ha sido para mí.

Ningún pacto fue jamás respetado con una lealtad tan grande

Como la que yo he mantenido en mi amor hacia ti”

Catulo era un amante, por encima de todo apasionado y expresaba  en sus poemas su locura al amar, como así también el sufrimiento que esto suponía. Este tópico –Furor Amoris– se puede divisar en un fragmento del poema Lucha interior, pues habla del amor como si fuera una enfermedad de la que debiera deshacerse:

“Oh dioses, si de vosotros es la misericordia, o si alguna vez

Habéis prestado una última ayuda en el umbral de la muerte,

Contemplad mi desgracia y, si he llevado una vida irreprochable,

Arrancadme esta peste y perdición,

Que, infiltrándose en lo profundo de mi ser como una parálisis,

Ha expulsado todas las alegrías de mi corazón!

Ya no pretendo que ella corresponda a mi cariño

O que, ¡imposible!, desee ser pudorosa:

Sólo aspiro a curarme y a expulsar esta horrible enfermedad.

¡Oh dioses, concededme esta gracia a cambio de mi piedad!”

Clara Vázquez